Lula da Silva derrotó a Flávio Bolsonaro en el balotaje con cerca de 51,8% de los votos. Su agenda energética y minera combina más petróleo, con la Margen Ecuatorial como frontera, y una política de minerales críticos que busca industrializar los recursos dentro de Brasil. La oposición cuestiona el poder que concentra el Estado y los ambientalistas, el costo ambiental.
Con el 100% de las urnas contabilizadas, Luiz Inácio Lula da Silva ganó la segunda vuelta con el 51,79% de los votos, frente al 48,21% de Flávio Bolsonaro. El tribunal electoral lo declaró ganador. Otros cómputos parciales difundieron cifras apenas distintas, en torno al 51,7%, según el avance del escrutinio.
Es la primera vez desde el fin de la dictadura militar que un candidato que quedó segundo en la primera vuelta se impone en el balotaje. En la primera ronda, Flávio había sido el más votado, con 47%, dos puntos más que Lula. Lula asumirá el 5 de enero, a los 81 años, y ningún presidente brasileño había sido elegido cuatro veces.
La reacción de la oposición fue inmediata. Flávio Bolsonaro anunció que pedirá la anulación de las elecciones y dijo que le es imposible reconocer el resultado. Además, Lula gobernará con un Parlamento más inclinado a la derecha que el de hace cuatro años.
Qué cambió en su campaña para poder ganar
Según los análisis de las agencias, el giro fue de estrategia más que de programa. El propio Lula calificó de “desorganizada” la primera parte de la campaña y luego llamó a sus seguidores a ocupar las calles y las redes sociales; la militancia respondió con marchas multitudinarias en varias ciudades.
También multiplicó los anuncios desde la Presidencia. Logró la aprobación en el Congreso de medidas sobre la jornada laboral, perdonó deudas a millones de trabajadores autónomos y lanzó incentivos para el sector de los videojuegos.
El otro cambio fue el tono hacia su rival. Lula vinculó a Flávio con la “motosierra” del presidente argentino Javier Milei, advirtió que su victoria era un riesgo para la democracia por el intento golpista de su padre tras perder en 2022, y alertó de que se subordinaría a Trump en asuntos como seguridad y minería. Esa última línea conecta directamente con la agenda de este diario: el control de los recursos fue parte del discurso electoral. “No permitiremos que Brasil sea el patio trasero de nadie”, repitió en sus mítines.
Hidrocarburos: lo que hizo en su último mandato
El discurso de Lula combina dos mensajes. Sostiene que el mundo debe abandonar progresivamente los combustibles fósiles, pero que Brasil necesita los recursos del petróleo para financiar la transición. En la práctica, el balance de producción acompañó esa apuesta.
Según la ANP, la producción brasileña de crudo alcanzó un récord en agosto de 2026, con 4,5 millones de barriles diarios, un 19% más que el año anterior. Cifras de Petrobras difundidas por medios brasileños indican que la estatal llegó a 3,34 millones de barriles de petróleo equivalente por día en el segundo trimestre, un 14,1% más que un año antes, con una utilización de refinerías de 101,2%.
Tres decisiones marcan el perfil de la gestión:
1- La Margen Ecuatorial. Lula respaldó el nuevo descubrimiento de Petrobras en el bloque FZA-M-59, a unos 175 kilómetros de la costa de Amapá, en la cuenca de Foz do Amazonas, una frontera exploratoria resistida por grupos ambientalistas. El presidente fue hasta el lugar y planteó que “significa soberanía nacional”, recuperando deliberadamente el espíritu del presal, descubierto durante su primer mandato. Se desconoce la cantidad de petróleo, aunque estimaciones preliminares hablan de hasta 10.000 millones de barriles.
2- Una Amazonia con perforaciones. En mayo, Lula y Petrobras anunciaron el reinicio, tras casi una década, de perforaciones en el campo Urucu, la principal reserva terrestre de hidrocarburos de Brasil, con unos 2.500 millones de reales (cerca de US$ 500 millones) para 22 nuevos pozos. Observatório do Clima advirtió que hay que evitar que las nuevas perforaciones degraden la Amazonia.
3- El plan de Petrobras 2026-2030. La estatal fijó una inversión de US$ 109.000 millones, un 2% menos que antes, la primera revisión a la baja desde que Lula asumió en 2023.
Minería: de la ley de minerales críticos al “nuevo presal”
El principal movimiento minero del mandato llegó sobre el final. Lula sancionó el 16 de septiembre la Política Nacional de Minerales Críticos y Estratégicos. El Senado la había aprobado el 2 de septiembre; el proyecto contempla un aporte de hasta 2.000 millones de reales para un fondo garantizador y hasta 5.000 millones de reales en créditos fiscales para beneficio, transformación mineral y minería urbana. La Cámara de Diputados lo había aprobado en mayo y Lula se reunió con el presidente del Senado para pedir que lo votara.
Los ejes de la ley, según el relato del Gobierno:
+Crea el Consejo Nacional para la Industrialización de Minerales Críticos y Estratégicos (CIMCE), vinculado a la Presidencia. Con mayoría de representantes del Gobierno federal, podrá vetar fusiones y adquisiciones y contratos de offtake entre mineras, porque el Estado considera estos minerales una cuestión de seguridad nacional.
+Crea un programa federal de beneficio y transformación, con créditos fiscales de hasta el 20% de los gastos, sujeto a aprobación previa del consejo, y exige a las empresas inversión en I+D+i, contrapartidas socioambientales y uso de productos y mano de obra locales.
+Mantiene las competencias de la Agencia Nacional de Minería (ANM).
El marco busca cambiar una ecuación desigual. Brasil concentra casi 25% de las reservas mundiales de tierras raras, pero en 2025 representó solo 0,5% de la producción mundial, y tiene las mayores reservas de niobio. En julio, según la prensa brasileña, Lula trató los minerales críticos como un “nuevo presal” y su Gobierno evaluó que el BNDES y Petrobras ingresen a empresas del sector.
La dimensión geopolítica pesó. Estados Unidos identificó a Brasil como socio potencial para diversificar su abastecimiento fuera de China y el tema entró en la agenda del encuentro de Lula con Trump en Washington. El Gobierno federal también se opuso a que una empresa estadounidense explote tierras raras en Minaçu (Goiás) con una cláusula que enviaría el 100% de la producción inicial a Estados Unidos, y estudió revisar el negocio por entender que esos recursos pertenecen a la Unión.
Qué propone para su nuevo mandato
Para el período que viene, el programa de Lula apunta a profundizar este esquema. El plan de gobierno promete desarrollar una política específica para minerales críticos y tierras raras con el objetivo de que Brasil deje de ser solo exportador y amplíe la fabricación de equipos y productos, como baterías y motores.
En energía y ambiente, su programa propone una economía de menores emisiones, mantener la lucha contra la deforestación con la meta de deforestación cero para 2030, y a la vez aprovechar las reservas de petróleo, los minerales críticos y las tierras raras para fortalecer la soberanía energética y productiva. También propone continuar con la reindustrialización y la inversión pública en infraestructura, innovación y transición energética.
Para el sector, esto significa continuidad de Petrobras como actor central, mayor control estatal sobre la cadena de minerales críticos y una política industrial atada al valor agregado local.
Las críticas y las diferencias con la oposición
La ley de minerales críticos generó debate. La Asociación Brasileña de Investigación Minera (ABPM) sostuvo que se aprobó sin escuchar a todos los sectores y cuestionó el poder del CIMCE para homologar, y en la práctica vetar, cambios societarios con capital extranjero, advirtiendo riesgo jurídico por falta de criterios objetivos y plazos claros. Organizaciones indígenas señalaron que la ley no prevé consulta libre, previa e informada y que el consejo no tendrá representación de comunidades afectadas. Según Repórter Brasil, la exploración de tierras raras podría afectar hasta 283 áreas protegidas, incluidos territorios indígenas y quilombolas.
Del lado de la industria hubo apoyo. Amcham Brasil sostuvo que el nuevo marco crea condiciones para inversión, producción y transformación mineral, y estimó que la cadena podría sumar hasta US$ 40.000 millones al PIB y unos 750.000 empleos hasta 2050.
En el petróleo, el eje del debate es ambiental. Los grupos ambientalistas se oponen a Foz do Amazonas. El Gobierno promete proteger la Amazonia.
Frente a Lula, la propuesta de Flávio Bolsonaro difería en el rol del Estado y en la alianza con Washington. Flávio defendía desregulación, apertura acelerada al capital privado y una alianza estratégica directa con Estados Unidos, además de acelerar el licenciamiento ambiental minero. Su plan también incluía ampliar la explotación de petróleo y gas, desarrollar infraestructura energética y procesar los minerales críticos dentro de Brasil, junto con más privatizaciones y mayor participación privada. Es decir, ambos candidatos coincidían en más exploración y en industrializar parte de la cadena, pero discrepaban sobre quién conduce el proceso.
Qué mirar de acá en adelante
Hay tres puntos para seguir: la reglamentación del CIMCE y los criterios con los que revise inversiones extranjeras, la evolución del pozo Morpho y de las licencias en la Margen Ecuatorial, y la relación con Estados Unidos en un contexto de aranceles y de interés por las tierras raras brasileñas. Para Argentina, Perú y Chile, que compiten con Brasil por capital en litio, cobre y minerales críticos, el modelo brasileño contrasta con esquemas de incentivo a la inversión privada como el RIGI.