En el Forbes Mujeres Power Summit, referentes de BBVA, Naturgy, la Cámara Argentina de Empresas Mineras y el agro analizaron los sesgos culturales, las tareas de cuidado y la falta de formación y redes que todavía frenan el ascenso femenino en sectores históricamente masculinos.
La presencia de mujeres en posiciones de decisión de la energía, la minería y el agro avanza, aunque todavía convive con estructuras históricamente masculinas. Ese fue el eje del panel “Energía, minería y agro: las dueñas de la frontera productiva”, realizado en el marco del Forbes Mujeres Power Summit 2026, el encuentro organizado por Forbes Argentina. La conversación fue moderada por la periodista Belén Fernández.
Las protagonistas. Participaron Verónica Incera, directora de Banca Corporativa (C&IB) de BBVA en Argentina y la región Sudamérica; Verónica Argañaraz, directora de Comunicación, Relaciones Institucionales y Sostenibilidad de Naturgy Argentina; Alejandra Cardona, directora ejecutiva de la Cámara Argentina de Empresas Mineras (CAEM); y Andrea Grobocopatel, economista y fundadora de Ampatel, Resiliencia SGR y Fundación FLOR.
Cuando la diversidad deja de ser un tema aislado
Incera sostuvo que el cambio central ocurre cuando la diversidad se integra a la cultura de las organizaciones. Contó que, cuando ingresó al directorio de BBVA hace tres años, había solo dos mujeres, y que hoy son más de la mitad. Destacó el programa Get Ready, que identifica a mujeres con potencial y las prepara para que estén listas cuando surjan oportunidades, algo que consideró clave para modificar la presencia femenina en el liderazgo.
Desde la energía, Argañaraz planteó que el avance requiere una decisión explícita de las compañías. Con 30 años de carrera dentro de la empresa de servicios públicos, recorrió distintos niveles hasta llegar a la dirección. En Naturgy, el plan global de sostenibilidad incluye una meta de 40% de mujeres en cargos directivos, que se trabaja además mediante la identificación de talentos con potencial.
Minería: una brecha de origen
En minería, la situación de partida es más desigual. Cardona indicó que las mujeres representan alrededor del 13% de la fuerza laboral del sector en la Argentina, una proporción similar a la de otros países de la región. Recordó que durante mucho tiempo su ingreso estuvo directamente vedado, por el mito de que traían mala suerte. Hoy, afirmó, el desafío no es solo que más mujeres ingresen, sino que puedan permanecer y ascender.
Parte de las dificultades, explicó, se relaciona con las características de la actividad, que se desarrolla en provincias cordilleranas y bajo condiciones geográficas y climáticas extremas. Incorporar a mujeres de las comunidades cercanas exige primero comprender las brechas de origen y el contexto social de cada lugar: según describió, las vulnerabilidades “se acumulan como capas” y condicionan el acceso a la educación y al trabajo.
También señaló que hay que revisar las condiciones que históricamente dificultaron la participación femenina, como los esquemas de trabajo que implican entre 7 y 14 días lejos del hogar. En ese marco, planteó la necesidad de discutir las licencias por paternidad y de fortalecer la formación de mujeres en carreras técnicas, y observó que a los hombres no se les formulan las preguntas que muchas mujeres se hacen antes de aceptar un puesto así.
Agro: más allá del liderazgo individual
Grobocopatel llevó el debate a las comunidades rurales. Sostuvo que la inclusión no debería limitarse a que algunas mujeres lleguen a puestos de conducción. En su empresa agropecuaria, la CEO y la responsable de producción son mujeres, y ella misma es la dueña. Aun así, planteó la pregunta de qué ocurre con las mujeres de las familias que viven y trabajan en los campos y cómo se las ayuda a lograr autonomía económica, lo que implica generar oportunidades de educación, capacitación, remuneración y empleo.
Sesgos propios, estereotipos y vida familiar
Otro obstáculo que surgió fue el síndrome del impostor. Incera consideró que muchas de las principales barreras son autoimpuestas y ejemplificó con la tendencia de muchas mujeres a no postularse a una búsqueda si no cumplen el 100% de los requisitos, mientras que los hombres suelen hacerlo aun cumpliendo solo una parte. Por eso, subrayó la importancia de acompañar y promover a las mujeres para que se animen a acceder a posiciones de decisión.
Argañaraz agregó que primero deben reconocerse a sí mismas como capaces de ocupar esos lugares. Señaló que persiste la idea de que una mujer que llega a un comité de dirección tuvo que adoptar rasgos considerados masculinos y, para cuestionarlo, se presentó como mujer, madre de cuatro hijos, divorciada, oriunda de Tucumán y directora de una multinacional de energía en Buenos Aires, como muestra de que no hay una única forma de ejercer el liderazgo.
También se abordó la conciliación entre liderazgo y vida familiar. Para Argañaraz, las compañías deben acompañar a quienes asumen nuevas responsabilidades y entender sus necesidades personales, sin que eso signifique menor compromiso, de modo de alcanzar un equilibrio que permita ocupar cargos de mayor responsabilidad sin descuidar a la familia.
Redes, formación y compromiso colectivo
Grobocopatel remarcó que una clave es articular esfuerzos y construir redes entre empresas, instituciones y organizaciones. Recordó que hace 14 años impulsaron Mujeres en Decisión, un programa que ya lleva 50 ediciones y reúne a más de 2.000 mujeres, orientado a herramientas, confianza, marca personal y preparación para asumir posiciones de liderazgo. Planteó que el desafío es abrir espacio para que las mujeres ya preparadas lleguen a las mesas de decisión.
En el cierre, las panelistas coincidieron en que el cambio demanda tanto preparación individual como transformación institucional. Incera insistió en que quienes aspiran a cargos de decisión deben tomar las riendas de su desarrollo y prepararse, mientras que Grobocopatel pidió involucrar también a los hombres en estas conversaciones y advirtió que, sin un trabajo conjunto, no habrá un impacto profundo. La conclusión del panel fue que el desafío ya no es solo abrir puertas, sino construir las condiciones para que más mujeres puedan atravesarlas y sostenerse en esos lugares.