El reporte proyectó un fuerte crecimiento de la oferta de América Latina hacia 2030, a la par que alertó por un recorte del 40% en las inversiones globales en litio por la volatilidad de precios.
América Latina se consolida como un actor determinante para la seguridad energética global en medio de un escenario de crecientes tensiones geopolíticas e incertidumbre comercial.
Según la edición 2026 del informe Global Critical Minerals Outlook, elaborado por la Agencia Internacional de la Energía (AIE), la región aporta actualmente cerca de una cuarta parte del litio que se consume en el mundo y proyecta incrementar su producción en torno a un 50% hacia el año 2030, sosteniendo además un rol de liderazgo en la extracción de cobre, plata, grafito de grado batería y depósitos estratégicos de tierras raras.
Sin embargo, el organismo internacional advirtió que el verdadero desafío para los países de América Latina radica en superar la etapa puramente extractiva para desarrollar capacidad local de refinación e industrialización intermedia. La AIE remarcó que el cuello de botella técnico de la transición no reside en las reservas en mina, sino en el procesamiento, donde la principal nación refinadora abarca en promedio un 72% del mercado mundial, obligando a los países de la región a buscar alianzas estratégicas para retener mayor valor agregado en sus territorios.
Restricciones comerciales
El reporte de la AIE enfatizó que la elevada concentración geográfica en el procesamiento -sumada al uso de medidas de control de exportaciones por parte de potencias dominantes- convirtió los riesgos teóricos en una amenaza concreta para la economía global. Restricciones recientes en el suministro de tierras raras y grafito exponen a pérdidas de producción por hasta US$ 6,5 billones anuales a las industrias automotriz, tecnológica, de defensa y de infraestructura eléctrica fuera de China.
A este panorama se suman las disrupciones logísticas derivadas de conflictos en rutas marítimas clave, las cuales encarecieron insumos mineros críticos como el azufre y el aluminio, condicionando las estructuras de costos de las operaciones en todo el planeta.
Caída de la inversión y reservas estratégicas
A nivel financiero, la AIE detectó una retracción del 9% en la inversión global en proyectos de minerales críticos, con una marcada caída superior al 20% en el segmento de metales para baterías y un recorte específico cercano al 40% en litio debido a la volatilidad de los precios internacionales. Por el contrario, la exploración y desarrollo de yacimientos de cobre mostró una resiliencia del 8% en sus presupuestos de capital.
Para neutralizar la amenaza de desabastecimiento en el corto plazo, la agencia sugirió la creación de un sistema de reservas estratégicas internacionales para los 11 minerales de mayor riesgo. Este mecanismo requeriría un costo neto de administración inferior a los US$ 900 millones anuales por parte de los países consumidores, un monto marginal frente a las multimillonarias interrupciones que provocaría un bloqueo en la cadena global de suministros.