El Informe Preliminar PELP 2028-2032 del Ministerio de Energía de Chile detalla que la minería representó el 17,49% del consumo final de energía del país en 2024. El documento proyecta el reemplazo de diésel por electricidad e hidrógeno en camiones CAEX, con trayectorias que llegan hasta 17,2% de participación de hidrógeno en los escenarios normativos hacia 2057.
Dentro del Informe Preliminar de la Planificación Energética de Largo Plazo (PELP) 2028-2032 —el instrumento de proyección a 30 años que elabora el Ministerio de Energía de Chile en el marco de la Ley General de Servicios Eléctricos—, el capítulo dedicado a minería ofrece una radiografía detallada de cómo el sector consume energía hoy y hacia dónde se dirige su matriz energética.
El sector que ya pesa casi una quinta parte de la energía del país
En 2024, la minería registró un consumo energético de 58,3 Pcal, equivalente al 17,49% del consumo final de energía de Chile. Ese consumo se distribuyó principalmente en diésel (47,2%) y electricidad (45,4%), con una participación menor de gas natural (4,6%) y petróleo combustible (1,3%). El informe destaca además que, en el año base, la minería ya supera en algunos escenarios y períodos al sector residencial como tercer consumidor de energía del país, particularmente en los escenarios que consideran mayor crecimiento del PIB.
Según el documento, la evolución de la demanda energética del sector está explicada principalmente por el crecimiento del subsector cobre, que en 2024 representó el 84,4% del consumo final de energía de toda la minería. En los escenarios exploratorios se proyecta un aumento progresivo de esa demanda hacia 2055, especialmente en el escenario favorable, mientras que en los escenarios normativos la demanda es menor debido a la incorporación de medidas de eficiencia energética y sustituciones tecnológicas.
Menos ley del mineral, más energía por tonelada
Uno de los hallazgos más relevantes del capítulo es la relación entre la caída en la ley del mineral de cobre y el consumo energético. El informe señala que en los últimos 20 años la ley promedio del mineral de cobre en Chile bajó un tercio, pasando de 0,9% a 0,6%, mientras que la energía consumida por unidad de producción se multiplicó por 1,9, de acuerdo con datos de COCHILCO. Esta tendencia lleva a que, a diferencia de otros subsectores donde la intensidad energética decrece por la implementación de Sistemas de Gestión de Energía, en el subsector cobre se proyecte un aumento de este parámetro, ya que el menor contenido metálico del mineral exige procesar más material —y consumir más energía— para obtener la misma cantidad de cobre fino.
Dentro del subsector cobre, la extracción representó en 2024 el 45,5% del consumo energético y el procesamiento el 44,7%, mientras que los servicios adjuntos y la desalación y traslado de agua de mar explicaron el 4,3% y el 5,5% restantes. El modelo estima que la extracción consume principalmente diésel (84,3%), mientras que el procesamiento se apoya sobre todo en electricidad (85,7%).
Camiones CAEX: de diésel a electricidad e hidrógeno
El informe incorpora un cambio metodológico relevante respecto de planificaciones anteriores: sustituye la trayectoria de reemplazo de diésel por diésel renovable en camiones de extracción (CAEX) por una trayectoria de electrificación combinada con uso de hidrógeno, en línea con la evolución tecnológica observada en el segmento.
En los escenarios exploratorios, el hidrógeno ingresa a los procesos motrices de extracción en mina rajo a partir de 2040, alcanzando una participación de 5,6% en 2057 y desplazando diésel. En los escenarios normativos, en cambio, esta transición se adelanta a 2035, con una participación de hidrógeno que llega a 17,2% en 2057. El escenario Normativo Desfavorable Mitigado (N1) va un paso más allá: contempla una trayectoria de electrificación 10 puntos porcentuales superior a la del resto de los escenarios normativos para compensar el desempeño más débil de la economía en ese caso.
Minas Varias: la electrificación más marcada del sector
El subsector Minas Varias —que agrupa la extracción de minerales distintos de cobre, hierro, litio y nitratos y compuestos de potasio— representó el 9,5% del consumo energético de la minería en 2024, con diésel (64,9%) como principal energético, seguido de electricidad (14%), gas natural (9,5%), kerosene de aviación (5,1%) y petróleo combustible (5,1%).
Es en este subsector donde el informe proyecta la electrificación más pronunciada del sector minero hacia 2057: en los procesos motrices, la participación de la electricidad pasaría de 15% en el año base a 67% en 2057, desplazando al diésel, que caería de 80,3% a 28% en el mismo período. En los procesos térmicos, la electricidad treparía de 2,6% a 36%, mientras el diésel desaparecería por completo hacia 2048.
Litio: subsector propio por su peso estratégico
El informe incorpora al litio como subsector independiente —pese a representar, junto con nitratos y compuestos de potasio, solo el 3,7% del consumo energético de la minería en 2024— dada su relevancia para el sector energético y los compromisos asumidos en la Estrategia Nacional de Minerales Críticos del Ministerio de Minería. La proyección del nivel de actividad de este subsector, medido en toneladas de carbonato de litio equivalente, se trabajó junto al Ministerio de Minería y considera los proyectos actualmente en operación con procesamiento en base a evaporación.
El subsector hierro, por su parte, representó el 2,4% del consumo energético de la minería en 2024, con diésel (46,4%), electricidad (44,4%) y carbón (9,2%) como principales energéticos. Para este subsector, el informe proyecta un nivel de actividad estable en 10,7 millones de toneladas anuales, en línea con el promedio de los últimos cinco años.
Nitratos y potasio: la demanda internacional como variable clave
El subsector de Nitratos y Compuestos de Potasio, cuyo consumo se distribuye entre gas natural (37,3%), electricidad (28,1%) y diésel (27,2%), es el único cuya proyección de actividad se vincula directamente al PIB de los países de la OCDE, dado el peso de la demanda internacional en su desempeño, y no al crecimiento económico interno de Chile.