Con el 40% de la producción mundial de cobre y un cuarto del litio, el desafío pasa ahora por avanzar hacia el refinado local.
El Global Critical Minerals Outlook 2026 de la IEA ubica a la región como una pieza clave para descomprimir la altísima concentración global de la cadena de minerales críticos.
América Latina y el Caribe concentra reservas relevantes de cobre, litio, plata, grafito, molibdeno y estaño, además de una producción consolidada de minerales de especialidad como el niobio y el renio. Brasil aporta más del 90% del niobio mundial —insumo clave para aceros de alta resistencia y, cada vez más, para superconductores y electrónica— mientras que Chile produce más de un tercio del renio global, subproducto del cobre utilizado en aceros resistentes al calor.
Chile, Perú y México explicaron en conjunto casi el 40% del cobre minado a nivel global en 2025. En litio, el "triángulo" que integran Argentina, Bolivia y Chile concentra más de un tercio de las reservas mundiales y una cuarta parte de la producción, aunque de manera desigual: Chile ya es productor consolidado, Argentina crece con fuerza gracias a una cartera robusta de proyectos en distintas etapas, y Bolivia todavía no logra traducir sus recursos estimados en producción a escala.
Según las proyecciones del organismo, la producción regional de cobre y litio crecería cerca de un 50% hacia fines de la década, manteniendo la participación de la región en el mapa global: 40% en cobre y 25% en litio hasta 2040.
"La región tiene la oportunidad de capturar hasta USD 220.000 millones en valor económico hacia 2035 si avanza en el procesamiento local de sus minerales críticos" — IEA, Global Critical Minerals Outlook 2026
El talón de Aquiles: el refinado
El informe pone el foco en una brecha estructural: la región extrae mucho más de lo que procesa. En 2025, LAC refinó apenas el 26% del cobre que extrajo, un 10% del cobalto y un 7% de las tierras raras, y no cuenta con plantas de refinación de grafito. Esa concentración en materias primas sin procesar explica, según la IEA, el retroceso del Índice de Complejidad Económica de la región entre 2000 y 2023, por debajo del de otras economías emergentes como el sudeste asiático, India o China.
La oportunidad económica de cerrar esa brecha es significativa: la IEA calcula que la región podría capturar unos USD 185.000 millones de valor económico hacia 2035 a partir del pipeline actual de proyectos, de los cuales solo una quinta parte proviene de refinación. Si se lograra procesar localmente todo el litio, níquel, cobalto, grafito y tierras raras extraídos, además de dos tercios del cobre, ese beneficio treparía a unos USD 220.000 millones.
Políticas en marcha, con la Argentina entre los casos destacados
El informe repasa las estrategias de cada país. Sobre la Argentina, la IEA destaca el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), vigente desde 2024, que elimina progresivamente la obligación de repatriar divisas de exportación, fija una alícuota máxima del Impuesto a las Ganancias del 25% y otorga depreciación acelerada y exenciones de derechos de importación y exportación. El régimen permanecerá abierto a nuevas solicitudes hasta julio de 2027. Según datos citados en el reporte, hacia junio de 2026 ya habían sido aprobados nueve proyectos mineros por un total de US$ 10.000 millones, principalmente en litio, cobre y oro.
El documento también menciona el acuerdo firmado en abril de 2026 entre los gobernadores de Salta, Catamarca y Jujuy para reforzar la gobernanza, la infraestructura y el desarrollo de la cadena de valor del litio, así como el marco de cooperación suscripto con Estados Unidos en febrero de 2026 en materia de minería y refinación.
Otros países avanzan en paralelo: Brasil oficializó su Consejo Nacional de Política Minera y envió al Senado su primera Política Nacional de Minerales Críticos y Estratégicos; Chile lanzó en enero de 2026 su Estrategia Nacional de Minerales Críticos; y Colombia y México actualizan sus marcos regulatorios con foco en trazabilidad y participación comunitaria.
Agua y emisiones, los otros desafíos
La región cuenta con ventajas estructurales en emisiones, gracias a una matriz eléctrica con más del 60% de generación renovable, apalancada en la hidroeléctrica de Brasil y Colombia y en el creciente parque solar y eólico chileno. Pero el estrés hídrico es una preocupación creciente: la demanda de agua para la producción de cobre en Chile podría superar los 650 millones de m³ hacia 2035, en un contexto de salares y desiertos donde el recurso ya es escaso.