La Agencia Internacional de Energía (IEA) proyecta un alza del 5% en el capital destinado al sector energético este año. Cerca de dos tercios del total —USD 2,2 billones— se canalizarán hacia renovables, nucleoeléctrica, redes, almacenamiento, eficiencia y electrificación, mientras que el petróleo, el gas y el carbón concentrarán unos USD 1,2 billones. El conflicto en Oriente Medio golpeó rutas de exportación, encareció el financiamiento y reforzó la carrera por la seguridad energética
La 11ª edición del reporte World Energy Investment, publicado por la b llega en un momento de incertidumbre inédita para inversores y gobiernos. Según el organismo, los flujos de capital hacia el sector energético alcanzarán los USD 3,4 billones en 2026, un incremento del 5% respecto de 2025, a pesar del impacto desestabilizador de la guerra en Medio Oriente.
El dato central del informe es que alrededor de tres cuartas partes de las inversiones previstas para este año ya estaban decididas antes de que estallara el conflicto, lo que revela la inercia propia de un sector con ciclos de proyecto largos. Sin embargo, la IEA anticipa que la crisis dejará una marca duradera en las estrategias y los flujos de inversión energética de los próximos años.
Una crisis con epicentro en Medio Oriente y Asia
A diferencia de la crisis energética de 2021-2023, centrada en Europa por los cortes de gas ruso, los efectos del conflicto actual golpean con mayor fuerza a Medio Oriente y a Asia, destino histórico del 80% al 90% de las exportaciones energéticas de los productores del Golfo. La confianza en el tránsito por el estrecho de Ormuz quedó profundamente afectada, algo que —advierte la IEA— podría persistir incluso después de que se resuelva el conflicto inmediato.
El organismo estima que más de 30 instalaciones energéticas de la región sufrieron daños moderados o severos, entre ellas refinerías, plantas petroquímicas, sitios de producción de petróleo y gas, y 2 de los 14 trenes de licuefacción del complejo de GNL de Ras Laffan, cuya reparación podría demandar varios años. A esto se suman ataques con misiles o drones contra unos 20 buques tanque. La factura total de reparación es difícil de precisar, pero según la IEA rondará las decenas de miles de millones de dólares.
"No importa cómo y cuándo termine esta crisis, dejará una marca duradera en las estrategias y los flujos de inversión energética", señala el reporte.
El petróleo cae por tercer año consecutivo, el gas natural toca su techo en una década
Pese al repunte de ingresos que la suba de precios generó para la mayoría de los productores, la inversión en el segmento upstream de petróleo caerá por tercer año consecutivo, a menos de USD 500.000 millones en 2026. Las inversiones en Medio Oriente fueron revisadas a la baja por el conflicto, que recortó drásticamente los ingresos de exportación de productores como Irak y Kuwait, sin rutas alternativas al estrecho de Ormuz.
En cambio, la inversión en suministro de gas natural llegará a USD 330.000 millones en 2026, el nivel más alto en diez años, impulsada por una ola de nuevos proyectos de exportación de GNL, principalmente en Estados Unidos y Qatar. En 2025 se aprobó un récord de más de 100.000 millones de metros cúbicos (bcm) de nueva capacidad de exportación de GNL, con casi el 90% concentrado en Estados Unidos.
El carbón, por su parte, también crece: las inversiones en suministro alcanzarán los USD 180.000 millones en 2026, el nivel más alto desde 2012, con China representando casi el 70% de ese gasto y prácticamente la totalidad de las nuevas aprobaciones de centrales a carbón. India es el segundo mayor inversor, con un gasto que se triplicó en la última década.
La "Era de la Electricidad" se acelera
Uno de los ejes centrales del informe es el avance de la electrificación. El gasto vinculado a la electricidad ya representa cerca del 60% de toda la inversión energética global. Las inversiones en suministro e infraestructura eléctrica alcanzarán los USD 1,6 billones en 2026, y treparán a USD 2 billones si se incluye el gasto en electrificación del consumo final.
Las redes y el almacenamiento ganan protagonismo: el gasto global en redes rondará los USD 550.000 millones en 2026, un salto de casi 20% interanual, mientras la inversión en baterías para el sector eléctrico superará los USD 100.000 millones. Según la IEA, se trata de un reequilibrio bienvenido, luego de años en que la inversión en redes quedó rezagada frente al boom de las renovables.
La energía nuclear también recupera terreno: con 78 GW de nueva capacidad en construcción en 15 países y una inversión anual que ya supera los USD 80.000 millones, el sector vive un resurgimiento que podría profundizarse. China y Rusia son hoy los principales proveedores tecnológicos —el 94% de los reactores que iniciaron construcción en la última década son de diseño chino o ruso—, aunque el informe anticipa que la crisis actual podría impulsar una diversificación tecnológica, incluidos los reactores modulares pequeños (SMR). Más de 40 países ya cuentan con políticas de apoyo al despliegue nuclear.
Datos que resumen el informe
+USD 3,4 billones: inversión energética mundial proyectada para 2026 (+5% i.a.)
+USD 2,2 billones: destinados a renovables, nuclear, redes, almacenamiento, combustibles bajos en emisiones, eficiencia y electrificación
+USD 1,2 billones: destinados a petróleo, gas natural y carbón
+USD 546.000 millones: inversión upstream global de petróleo y gas en 2026 (+marginal)
+USD 330.000 millones: inversión en suministro de gas natural, máximo en 10 años
+USD 180.000 millones: inversión en suministro de carbón, máximo desde 2012
+USD 665.000 millones: inversión anual en energía renovable, de los cuales USD 365.000 millones van a proyectos solares
+78 GW: nueva capacidad nuclear en construcción en 15 países
Data centers, inteligencia artificial y el nuevo mapa de la demanda eléctrica
El informe dedica un capítulo a la relación entre inversión energética e inteligencia artificial. Los pedidos de nuevas centrales a gas natural saltaron a 130 GW en 2025, el nivel más alto en 25 años, impulsados en gran medida por la demanda de centros de datos en Estados Unidos. El sector tecnológico ya representa cerca del 40% de todos los acuerdos corporativos de compra de energía (PPA) firmados a nivel global en 2025, y la inversión energética total vinculada a la infraestructura de data centers se estima en más de USD 100.000 millones para 2025 —una cifra que supera el total invertido en el sector energético de toda África ese mismo año.
El costo del financiamiento y la brecha para los mercados emergentes
El conflicto también golpeó las condiciones de financiamiento. La suba de los precios del petróleo alimentó temores inflacionarios que elevaron los costos de endeudamiento a largo plazo, y generó volatilidad en los diferenciales de crédito corporativo, lo que ralentizó las decisiones de inversión en el corto plazo.
La IEA advierte que, si las tasas se mantienen altas por más tiempo, las tecnologías intensivas en capital —incluidas muchas de bajas emisiones— serán las más afectadas. El impacto sería particularmente duro para las economías emergentes y en desarrollo, que ya enfrentan costos de capital muy superiores a los de las economías avanzadas y China: sus costos de financiamiento son al menos el doble, según el informe. Aunque hoy representan solo el 10% del crecimiento de la inversión energética global de la última década, ese porcentaje treparía a más del 50% en los próximos diez años, de acuerdo con los escenarios exploratorios de la Agencia.
Otro fenómeno señalado por el reporte es el creciente peso de los inversores institucionales —fondos de pensión, aseguradoras, gestores de activos y fondos soberanos— en el capital accionario de grandes empresas energéticas estatales: su participación pasó del 3% en 2020 al 30% en 2026.
Concentración china y el nuevo tablero geopolítico
El documento subraya que China concentró alrededor del 75% de toda la inversión mundial en manufactura de tecnologías limpias en 2025, incluido el 80% de la capacidad de la cadena de suministro de baterías de litio y el 95% de la de obleas fotovoltaicas. En paralelo, la inversión en minerales críticos cayó en 2025 tanto en extracción como en exploración, tras varios años de crecimiento acelerado.