SE NECESITA DIVERSIFICAR LAS FUENTES DE ENERGÍA
(Francisco Mezzadri, ex Presidente de la Cámara Argentina de Inversores en el Sector Eléctrico)
En la Argentina no existe disenso en cuanto a la necesidad de diversificar las fuentes de energía. La punta del iceberg es la muy alta dependencia del gas, que representa un 49 por ciento de la matriz energética y de las reservas bajas de hidrocarburos.
El problema energético es grave por los débiles incentivos a la producción nacional y porque tampoco existen políticas integradas de ahorro y sustitución del gas en el tiempo.
Además, cuando el país deje de ser autosuficiente en petróleo y gas, el efecto en la balanza comercial será muy negativo.
De ahí que sea imprescindible estudiar, orientar y facilitar la convergencia hacia una matriz energética diferente, que se conforme progresivamente, diversificando fuentes de energía según su eficiencia y ventajas económicas relativas. Esa es la orientación que está tomando el mundo, por otra parte.
Este será un proceso ineludible e inevitablemente largo y costoso, que requerirá aportes técnicos, económicos, políticos y diplomáticos para dar marco institucional a una política energética de Estado, esto es, avalada por el consenso político y por el Congreso Nacional, y que asuma cooperación genuina entre el sector público y el privado.
Excepto algunos proyectos pioneros, no se observan en el sector público o en el privado formaciones significativas del embrión de una nueva matriz energética.
El desafío es complejo porque no se trata sólo de acelerar los tiempos en el uso del agua, los vientos, la geotermia, la radiación solar o el carbón no contaminante, sino también de avanzar en la producción del etanol vegetal, y de educar y pensar junto al mundo la revolucionaria tecnología del hidrógeno, como nuevas fuentes de energía.
Hoy sabemos que, aun admitiendo que Yacyretá y Atucha II finalmente permitieran ahorrar gas hacia 2011, tal ahorro ya habrá sido compensado sólo por el mayor uso de gas de dos plantas de generación de electricidad que comenzarían a operar en 2008 (recientemente anunciadas por el Gobierno), y por el fin temporal de la vida útil del reactor nuclear de Embalse Río III.
No hay, en consecuencia, señales de cambio para la actual matriz energética argentina. Por el contrario, lo que se espera en el corto plazo es poder administrar la demanda eléctrica en momentos críticos y restringir más la exportación de gas.
El futuro
En el mediano plazo, la Argentina podrá cubrir sus déficit importando gas de varios proveedores en el mundo, pero deberá hacerlo sin discrecionalidad, sin ingenuidad y con transparencia.
Si, por ejemplo, Bolivia pide precios que la Argentina rechaza, pero se anuncia la construcción de un gran gasoducto desde Venezuela, con precios desconocidos y sin que se analicen los costos alternativos de transporte o de importar gas licuado, el proceso decisorio necesita aclararse.
Ausencia de visión de largo plazo, apreciación incompleta de las alternativas a mediano plazo y preocupación de corto plazo por administrar la escasez conforman un cuadro de política energética preocupante.
Panorama letal si, además, entre control de precios, de tarifas y subsidios se continúan distorsionando los precios de la energía en relación con la región y el mundo.