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Opinión
LA ACTUAL GEOPOLÍTICA DEL GAS
19/12/2005

LA ACTUAL GEOPOLÍTICA DEL GAS

Francisco Mezzadri (Ex presidente de la Cámara Argentina de Inversores en el Sector Eléctrico)
La utilización de gas natural en la Argentina, en relación con otros combustibles, es mundialmente exorbitante: equivale al 49% de su matriz energética. Sin embargo, el congelamiento de precios en 2002 paralizó prácticamente las inversiones y las reservas disponibles cayeron a menos de diez años en 2005.

El precio actual controlado del gas no constituye estímulo suficiente de inversión según los riesgos de la geología conocida, como para esperar volúmenes de incremento significativos en la oferta. Nuevos niveles se han reconocido ya como necesarios.

Pero para mantener tan alta dependencia del gas, nuestro país deberá importar gas de Bolivia, importar gas natural licuado o limitar la exportación a Chile.

El gas venezolano tiene demasiadas incógnitas como para tornarse ya en eje de pensamiento. De los combustibles alternativos, sólo el carbón puede dar respuestas más rápidas.

El costo de la energía es el tema central. Para Chile, los precios esperados de gas licuado no serán inferiores a cinco dólares por millón BTU, 2, 130% más caro que su costo actual y el precio de sus contratos de energía eléctrica ya es 54 dólares por MWh, un 50% más caro.

En Brasil, el precio del gas boliviano es superior a 4,50 dólares por millón de BTU y su exportación no compensada de energía a la Argentina tiene un piso de 56 dólares por MWh.

Por su parte, el precio spot internacional del gas licuado es de alrededor de 12 dólares por millón de BTU. Hoy el precio del gas reconocido para la generación eléctrica es de 1,17 dólares por millón de BTU y los precios mayoristas de la electricidad fluctúan alrededor de 21 dólares por MWh. Claramente, en la Argentina el gas y la energía eléctrica cuestan entre un quinto y un tercio de lo que valen en Chile o Brasil.

La Argentina pronto no será autosuficiente en hidrocarburos y los precios internacionales serán su referente obligado. No se debería llegar a esa situación límite para restaurar las condiciones de inversión propia de los mercados internacionales, que incentiven la exploración y descubran que la geología tiene aún depósitos relevantes de hidrocarburos. Si eso no ocurriera, los nuevos precios permitirían revelar a todos los usuarios de derivados del petróleo y gas, cuál es el valor de escasez de tales bienes y racionalizar su uso. Hoy el país no ofrece tales condiciones de inversión y se ha estimulado el uso ineficiente de recursos no renovables, cuyas reservas ya estaban en franca disminución.

En este contexto, las reservas de gas en Bolivia son de alto valor estratégico para la Argentina. Pero Bolivia, aunque sus reservas sean abundantes, por su natural interés económico, venderá gas a la Argentina al precio de competencia con el precio del gas natural licuado o con el de otros combustibles sustitutos que deba importar.

El Gobierno rechazó los precios solicitados por Bolivia para el largo plazo por su efecto sobre los precios internos de la energía, pero la Argentina no es el único pretendiente. Brasil es hoy el mayor importador de gas boliviano y Chile, por su parte, probablemente intente llegar a un acuerdo innovador de cesión territorial de derechos de acceso al Pacífico si surge un gobierno democrático en Bolivia y la importación de gas será negociada. Brasil y Chile están dispuestos a pagar precios de competencia a Bolivia. En tales circunstancias cabe preguntarse cuál será la estrategia de la Argentina para lograr un acceso suficiente y de largo plazo al gas de ese país.

Las disputas en el mundo por hidrocarburos revelan escenarios complejos de negociación. La apelación a la solidaridad regional no será causa de acuerdos largos y los precios de mercado determinarán los contratos. Venezuela, por ejemplo, no vende su fuel oil más barato a la Argentina y el ministro de Energía de Perú, por otra parte, ha dicho que el destino de sus depósitos de gas es el consumo interno y la exportación final a Estados Unidos, no la conexión terrestre con el Mercosur. La geopolítica de la energía influirá las relaciones internacionales de la región luego de que asuman los nuevos presidentes de Chile y Bolivia, a las que se agregarán las elecciones en Perú y Brasil en 2006 y las necesidades de la Argentina.

Quienes negocien el gas por la Argentina deberían exhibir institucionalidad creíble y fuerza competitiva de largo plazo con operadores que asuman tales riesgos. Ese mercado sólo será posible si operara en consonancia con los niveles y los precios relativos de la energía en la región. Ese mercado hoy no existe en la Argentina. El Gobierno sigue interviniendo el mercado del gas y se comprometió a normalizar el mercado eléctrico en 2009, pero no se conoce qué mercado de gas existirá ni qué precios servirán de referencia entonces, a más de desconocerse los criterios del próximo gobierno constitucional. Las exigencias de la realidad geopolítica del gas supone definir la política de largo plazo, hoy ausente, y acelerar decisiones que normalicen esos mercados y comiencen a aceptar los costos de la integración regional.

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