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Elecciones 2005
LA ESTRATEGIA ELECTORAL DE KIRCHNER
26/08/2005
Elecciones 2005

LA ESTRATEGIA ELECTORAL DE KIRCHNER

Clarín
Julio Blanck
ELECCIONES 2005 - FALTAN 58 DIAS: LA ESTRATEGIA ELECTORAL DE KIRCHNER

Discurso duro, imagen de firmeza, pero también una dosis de temor







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Julio Blanck.
jblanck@clarin.com






Apenas abierta formalmente la campaña, el Gobierno sacó a relucir ayer dos de las vigas maestras de su arquitectura electoral.


El presidente Néstor Kirchner le puso nombres a la gaseosa denuncia sobre un pacto desestabilizador hecha la noche anterior por su esposa y candidata. Así, llevó sus diferencias con Eduardo Duhalde al punto de máxima tensión que hayan reconocido hasta ahora.

Hay allí una disputa abierta y encarnizada por el voto peronista bonaerense. Pero también un guiño hacia sectores independientes que sienten aversión por todo lo que huele al pasado cercano en la política argentina: Menem y Patti entran cómodos en esa categoría, y Kirchner está empeñado en dejar también a Duhalde remachado en esa zona de mala memoria. En la diatriba del Presidente no hubo conclusiones de un análisis refinado: Patti, sin vueltas, había dicho que Menem le recomendaba acordar con Chiche Duhalde. Fue y lo hizo. Hasta se publicó en los diarios.


En tanto, la Policía Federal reprimió, con energía inusual en los últimos tiempos, una de las varias manifestaciones piqueteras que ayer sobresaltaron, como tantas otras veces, el tránsito de la Ciudad y el ánimo de los porteños. Los manifestantes que recibieron palos en La Rural no eran demasiados, ni estaban encuadrados entre las formaciones más belicosas y equipadas para el choque que tiene ese movimiento. El incidente que disparó la acción policial existió, pero fue menor, y la escaramuza duró pocos minutos.

Así, a bajo costo, al final del día el Gobierno pudo mostrar una imagen de mayor firmeza frente al desafío constante de los piqueteros. La inacción oficial en este tema viene desgastando la imagen del kirchnerismo frente a los sectores medios, y sin duda puede repercutir sobre el desempeño electoral de sus candidatos.

La exasperación premeditada de la pelea con Duhalde y una posición más firme frente a las protestas callejeras deberían complementar la tercera viga maestra del diseño electoral: la defensa de la gestión y, sobre todo, el uso generoso de los datos favorables de la economía en los últimos dos años.

Sin embargo, hay trazos desconcertantes en la campaña del oficialismo bajo la batuta enérgica de Kirchner y de Cristina, que lucen siempre enojados y parecen plantear cada discurso como una arenga a las tropas antes de su Armaggedon particular.

Cualquier manual de estrategia política dice que los candidatos del oficialismo deben resaltar los logros del Gobierno. Porque más allá de su voluntad, la gente los juzgará por ellos. Ese consejo se refuerza más cuando, como ahora, los indicadores son tan diferentes ?salvo en el índice de pobreza? a los existentes cuando el Gobierno asumió.

Otra recomendación del ABC electoral es que el candidato que va adelante en las encuestas debe eludir los cruces de alto voltaje, que es lo que buscan los rezagados para descontar la diferencia.

Sin embargo, la defensa de la gestión todavía aparece poco y nada. En cambio florece el discurso duro.

Pueden suceder dos cosas:


Que los sondeos le sigan diciendo a Kirchner que su estrategia de choque polariza cada día más al electorado. Y que él consigue extraer beneficios de ello gracias a su sostenida buena imagen y a la pobre cosecha de la mayoría de sus oponentes ante la opinión pública.


O que, en realidad, el duelo entre Cristina y Chiche Duhalde esté lejos de ser un paseo sobre pétalos de rosas hacia el cómodo triunfo de la Primera Dama, que anuncian en la Casa Rosada como un destino inexorable. Y que la exasperación también sea reflejo de la inquietud y el temor al futuro que despierta toda elección.

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