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Opinión
LA CRISIS DE LA ENERGÍA
28/07/2005
Opinión

LA CRISIS DE LA ENERGÍA

Los Andes, Mendoza
Editorial Diario Los Andes
La crisis de la energía

En cosa de dos semanas, zonas de Mendoza, primero, y de Cuyo después, se vieron afectadas por prolongados cortes en el suministro de energía eléctrica. En el primero de los casos, un accidente fue motivo de que se cortara la corriente, dejando sin servicio a cerca de 100.00 usuarios, un tercio de los clientes que la empresa prestadora posee en el Gran Mendoza: un incendio afectó los cables que unen un centro de distribución de Rodeo de la Cruz con Las Heras y zonas intermedias. En la segunda oportunidad, el estallido de un aislador en la estación de Cruz de Piedra provocó una interrupción que dejó sin electricidad a unos 300.000 usuarios del Gran Mendoza, a varios miles más en el este provincial y al 95 por ciento de los consumidores sanjuaninos.

Las autoridades han solicitado a las empresas prestadoras de servicio, Edemsa y Districuyo, que presenten informes acerca de los motivos que llevaron a que se produjeran esos cortes que, si bien no fueron prolongados en demasía (media y una hora, respectivamente), marcan a las claras lo somero o precario de los sistemas de transporte y distribución de energía que parecen no tener muchas alternativas en materia de pasar a otras fuentes de transmisión y provisión. Esto provocó un cruce entre las empresas, ya que desde la firma que transporta energía hacia Cuyo se indicó que los cortes provienen de la falta de inversiones por parte de la distribuidora, y desde ésta se contestó que esas inversiones sí fueron realizadas, en el orden de los 91 millones de dólares en 2001 y unos 30 millones entre ese año y el actual.

Mientras las autoridades evalúan los informes y los grados de responsabilidad que emerjan tanto de ellos como de los peritajes propios, muchas personas comienzan a darse cuenta de que la crisis energética de la Argentina posee visos de mucha realidad y que compromete su bienestar en el presente y, posiblemente, aún más en el futuro. Si bien en Mendoza se han determinado salvaguardas no especificadas en los contratos de concesión realizados a inicios de los ?90 en el orden nacional, no puede menos que indicarse que el grado de dependencia del resto del país para su provisión incide en las posibilidades locales de abastecimientos de insumos como la electricidad, ya que Mendoza solamente provee una parte de sus necesidades y el resto debe ser transportado desde fuera de su territorio.

Si bien Edemsa o Districuyo pueden haber cumplido con sus obligaciones en materia de inversiones para garantizar un buen servicio, algo que debe ser determinado más allá de lo que indiquen defensivas actitudes y declaraciones, lo cierto es que se advierte que en el país el modelo de privatización no dio los resultados que anunciaban sus responsables a inicios de los '90.

En el orden nacional, ni en materia de electricidad ni en provisión de gas se han realizado inversiones que superen el mínimo indispensable y, a veces, ni eso. No se agregó ninguna gran obra hidroeléctrica a las entregadas por la Nación y algunas provincias; no se desarrollaron tendidos necesarios, que ahora deben ser afrontados por el Gobierno, como la línea Comahue-Cuyo; al faltar gas y gasoductos para transportarlo, no solamente se afecta a usuarios domiciliarios sino a clientes que dependen de ese insumo para hacer funcionar sus industrias, y se compromete el abastecimiento a usinas térmicas, que vienen a reemplazar otras fuentes de generación menos contaminantes y a las que ya hicimos referencia.

El proceso de recuperación económica está severamente condicionado por estas circunstancias. La renegociación de los contratos en el orden nacional se ha dejado como complicado capítulo para después de la próxima elección y habrá que ver qué términos se obtienen del poderoso conjunto de las concesionarias y adjudicatarias de servicios, con la fuerte presión que desde los países centrales se ejerce a favor de sus inversores. La paradoja de todo esto es que miles y miles de argentinos se quedaron sin trabajo en los procesos de reestructuración de las ex empresas del Estado: han sido reemplazados por grandes y pequeños inversores que, ahora, desde afuera, exigen su rédito. ¿Qué clase de negocio hicimos?

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