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ENERGÍA
Nuclear: Rusia exporta construcción de plantas a Europa, Asia y África
MINING PRESS/ENERNEWS/The New York Times
29/03/2020

 IVAN NECHEPURENKO y ANDREW HIGGINS

La iniciativa le ha generado contratos lucrativos en Europa, Asia e incluso África, pero también le ha dado una poderosa herramienta geopolítica.

Irguiéndose de los antiguos campos de papa y trigo de una granja colectiva, enormes torres de concreto seducen a uno de los países más pobres de Europa con la promesa de suministros abundantes y baratos de electricidad durante generaciones por venir.

Bielorrusia recurrió a Rusia para construir su primera planta nuclear. Sus reactores producirán mucha más electricidad de la necesaria (Siarhei Hudzilin para The New York Times).

Pero la ubicación de la primera planta de energía nuclear de Bielorrusia —un área de tierra de cultivo inmaculada más o menos 60 kilómetros de la capital de la vecina Lituania— señala a cálculos que van más allá de simples kilowatts.

La planta fue construida por Rosatom, un conglomerado nuclear paraestatal ruso, y fue financiada con una línea de crédito de 10 mil millones de dólares de Moscú. Los dos reactores de la planta, que está previsto que inicien operaciones pronto, producirán mucha más electricidad de la que Bielorrusia pude consumir.

Personal de emergencia realiza ejercicios en caso de un accidente nuclear, cerca de planta en Astravets (Siarhei Hudzilin para The New York Times).

Personal de emergencia realiza ejercicios en caso de un accidente nuclear, cerca de planta en Astravets (Siarhei Hudzilin para The New York Times).

Lituania, visto como un prometedor mercado potencial cuando comenzó la planta hace más de una década, está ahora tan horrorizado por la posibilidad de tener fisión nuclear controlada por Rusia a sus puertas que ha prohibido la compra de cualquier electricidad producida por la planta y empezó a realizar ejercicios en caso de un accidente nuclear.

Sin embargo, pese a todos los problemas y protestas, la planta en Astravets es, en muchas formas, un modelo de éxito en lo que se ha convertido bajo el presidente Vladimir V. Putin en una agresiva incursión en los mercados extranjeros por parte de la extensa industria nuclear de Rusia. Rosatom ha asegurado más de 30 tratos para el suministro de reactores. El año pasado, afirmó tener proyectos internacionales por un valor de 202,4 mil millones de dólares en su cartera.

El éxito de Rusia —ha vendido más tecnología nuclear en el extranjero desde que Putin llegó al poder en 1999 que Estados Unidos, Francia, China, Corea del Sur y Japón juntos— es en parte comercial, al generar contratos lucrativos en Europa, Asia e incluso África para mantener a los más de 250 mil empleados de Rosatom.

Pero también ha dado a Moscú una poderosa herramienta geopolítica, al asegurar a clientes como Bielorrusia, pero también a miembros de la Unión Europea como Hungría, en una dependencia a largo plazo de Rosatom y, por ende, del Estado ruso.

Una parte importante del éxito de Rosatom llega del suministro de créditos para financiar las plantas. A diferencia de compañías occidentales en el sector nuclear, que deben ceñirse a normas que limitan el papel del apoyo financiero del Estado e imponen otras restricciones, Rosatom, beneficiaria de un apoyo generoso del gobierno y el erario rusos, tiene carta blanca para emprender sus propios negocios.

El éxito de Rusia para ganar contratos ha suscitado temores en Occidente de que el mercado global se convierta en un duopolio controlado por Rusia y China, donde el Estado también ha otorgado apoyo financiero y de otro tipo para incentivar las ventas extranjeras.

En 1993, un reporte de científicos de la Academia de Ciencias Bielorrusa, operada por el Estado, mencionaba el área cercana a Astravets como “poco favorable para la construcción de una planta nuclear”, debido a su actividad sísmica y problemas hidrológicos. El científico principal que firmó el reporte en 1993 retractó más tarde sus hallazgos.

Otro reporte, compilado por expertos europeos en 2018, recomendaba “un análisis del catálogo sísmico y de zonificación” del área. También decía que el proyecto no cumplía con los estándares de algunos elementos estructurales clave.

Aun así, para la mayoría de los residentes de Astravets, que solían ganar dinero contrabandeando cigarros y combustible por la frontera a la Unión Europea, obtener una planta nuclear fue similar a ganarse la lotería. Llegaron multitudes de trabajadores de la construcción para erigir escuelas, vivienda y otras instalaciones.

En 1991, Svetlana Dmitrievna, de 70 años, abandonó el poblado bielorruso de Khoiniki, infectado de radioactividad por la explosión de Chernobyl, para asentarse en Astravets, una de las pocas áreas libres de cesio que quedaban en Bielorrusia. Svetlana dijo que la llegada de la planta de Rosatom había generado hasta el momento muchos beneficios para la ciudad.

“Astravets se veía terrible cuando llegamos”, dijo. “Me daba miedo ir a trabajar, toda la gente era extraña y nos llamaba erizos de Chernobyl. Ahora es un superpueblo”.


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