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China quiere invertir más en la región. México y oleada
16/12/2016

China apuesta por más inversiones en América Latina

MINING PRESS/Reuters

China entra al mercado petrolero mexicano. A tres años de la controvertida reforma energética del Gobierno mexicano, presidido por Enrique Peña Nieto, la empresa estatal China National Offshore Oil Corporation (CNOOC) ha adquirido licencias de explotación en el norte del Golfo de México, a pocos kilómetros de la frontera marítima entre México y Estados Unidos.

En la cuarta y hasta ahora más atractiva ronda de ofertas por los campos petroleros mexicanos, la CNOOC se hizo a inicios de diciembre con dos de los ocho lotes licitados y se aseguró así la mayor parte. Antes habían tenido lugar tres licitaciones más pequeñas, en las que la demanda internacional había sido extremadamente modesta.

La empresa fundada en 1982, con el Estado chino como principal accionista, estaba tan decidida a obtener los derechos de explotación que prometió al Gobierno mexicano una participación en la ganancia de hasta el diez por ciento más que sus competidores.

¿Nueva era?. El secretario mexicano de Energía, Pedro Joaquín Coldwell, celebró que "si estos contratos consiguen que las relaciones con China se restablezcan, será una de las grandes aportaciones de la reforma energética." La controvertida reforma generó controversia en suelo mexicano, pues puso fin al monopolio que la empresa estatal Petróleos Mexicanos (Pemex) mantenía desde 1938 y abrió el sector energético mexicano a los inversores extranjeros.

El interés de la CNOOC en México es sintomático de la ofensiva china en toda la región. A fines de noviembre, el presidente chino Xi Jinping visitó Ecuador, Perú y Chile. Firmó más de 40 acuerdos bilaterales de cooperación en diversos sectores. Era la tercera gira latinoamericana de Jinping desde que asumiera el cargo en 2013. Tras esa visita, el Gobierno chino difundió un ambicioso documento estratégico, para abrir una "nueva era" en las relaciones entre China y América Latina.

Respuesta de Pekín a Trump. China dio a conocer sus nuevos planes de inversión en América Latina justo en el momento en que se supone que Estados Unidos, bajo su recién electo presidente Donald Trump, se refugiará en el proteccionismo. Trump ha prometido erigir un muro en la frontera con México, deportar a millones de inmigrantes latinoamericanos indocumentados, salirse del tratado de libre comercio con Canadá y México (NAFTA), y no ratificar el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TTP), del que participan entre otros Chile, México y Perú.

China quiere aprovechar la oportunidad para extender su influencia en México y la región. El documento estratégico de 11 páginas, divulgado el pasado 24 de noviembre por medios estatales chinos, no contiene muchos detalles, pero sí un mensaje claro: China se concentrará con más fuerza en América Latina y tiene para ello un metódico plan. Mejor dicho: 39 planes de cooperación en ocho sectores –política, economía, comercio, sociedad, cultura, cooperación internacional, paz y seguridad. Un documento similar le había precedido a este en 2008. Aquel fue el disparo de arrancada para una más fuerte presencia china en el hemisferio.

¿Le conviene China a la región a largo plazo?. Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el gigante asiático es hoy el segundo socio comercial de América Latina, con una participación del 13,7 porciento del comercio exterior de la región el pasado año. El comercio con cuatro países −Brasil, Chile, Colombia y Perú− constituyó en este marco la mitad del volumen total, que asciende ya a 263.000 millones de dólares (más de veinte veces más que hace 15 años).

El objetivo chino en los próximos 15 años es, de acuerdo con el magacín oficial China Policy Review,  sustituir a Estados Unidos como primer socio comercial de la región. De ahí que un nuevo documento estratégico chino venga a sustituir al primero, de hace ocho años, cuyos objetivos se cumplieron en gran medida. "Nadie le ha hecho a América Latina hasta ahora una oferta como esta", ha dicho el analista español José Egido a la agencia de noticias china Xinhua.

"Se trata de sentar la base para un gran desarrollo de la región, gracias a una cooperación en la que China plantea una relación ganar-ganar, que puede cambiar el rumbo del desarrollo económico para lo que queda del siglo XXI", afirma Egido, para quien Latinoamérica podría deshacerse de su rol primario como suministrador de materias primas, si entra en una relación más estrecha con China.

Un tsunami de cinco letras

BRECHA

La potencia económica de China ha impactado en la región a través de un cuantioso comercio bilateral. Ante los problemas internos que enfrenta Estados Unidos, China adelanta, por primera vez, propuestas políticas de largo aliento que América Latina deberá sopesar. Para ello la región deberá tomar decisiones de carácter estratégico sobre el lugar en el mundo que pretende ocupar.

El presidente Xi Jinping realizó en noviembre su tercera visita a la región latinoamericana en apenas cuatro años. Esta vez el viaje de una semana lo llevó a Perú y Chile, integrantes de la Alianza del Pacífico –liderada por Estados Unidos– como parte del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (Tpp). Este acuerdo excluye a China, y también a Ecuador, país con el cual Pekín mantiene una importante relación económica y política. La gira comenzó el 16 de noviembre, incluyó la participación en el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (Apec) en Lima y finalizó en Chile una semana después.

Las fechas del viaje presidencial lo dicen todo. El 8 de noviembre Donald Trump ganó las elecciones con la promesa de poner fin al Tpp, algo que deja en ascuas a los países que habían apostado por incorporarse a esa alianza, como Perú y Chile, además de México y Colombia. Aunque el viaje estaba programado antes de las elecciones estadounidenses, se trata de una jugada maestra. Mientras Estados Unidos se convierte en socio problemático por su errática política exterior, China extiende los brazos y ofrece un nuevo tipo de relaciones que van mucho más allá de los lazos comerciales, como sucedía hasta ahora.

“Se trata de la tercera visita de Xi a Latinoamérica desde que llegó al poder hace tres años, tras las de 2013 y 2014, y se centra en países de la costa del Pacífico con los que el gigante asiático mantiene una importante relación económica y política” (El Comercio, 16-XI-16). El medio conservador peruano puso el dedo en el lugar correcto. La relación de China con América Latina, incluyendo a los países exportadores de minerales, como Perú, ya traspasa los lazos meramente comerciales para implicarse en asuntos de geopolítica global.

En su discurso ante el parlamento peruano, Xi enfatizó que los lazos entre la región y China “alcanzaron un salto en su desarrollo con un avance integral en la cooperación en todos los ámbitos”. Se trata, en palabras del presidente, de una cooperación integral caracterizada por “la igualdad, el beneficio mutuo y el desarrollo compartido” (Xinhua, 23-XI-16).

El contraste con la política de la Casa Blanca, que amenaza con expulsar a millones de latinos indocumentados mientras Xi habla de un “futuro compartido” basado en la cooperación, no puede ser mayor. En menos de un año Xi se reunió dos veces con Mauricio Macri, mostrando que las diferencias ideológicas no son nada en comparación con las ventajas económicas que trae la relación con China. Durante la gira del presidente chino se realizó en La Plata (Argentina) el V Foro de Diálogo de Alto Nivel Académico China-América Latina, donde el embajador en Buenos Aires, Yang Wanming, propuso que se establezca “un modelo de cooperación con el fin de promover el acoplamiento efectivo de industrias entre China y América Latina”.

Mientras Washington y Bruselas muestran dudas sobre el escenario actual y tienden a retroceder hacia cierto proteccionismo, dando un paso atrás en la globalización, Xi no dejó de enfatizar en su gira latina que “la globalización económica es una tendencia irresistible”, y llamó a “promover la liberalización y las facilidades al comercio y la inversión y oponerse a cualquier tipo de proteccionismo” (Diario del Pueblo, 25-XI-16).

Es evidente que la potencia emergente se apropió del discurso de las elites occidentales porque se siente fuerte en ese mismo terreno, con la internacionalización del yuan en curso.

VANGUARDIA. Una parte considerable de la opinión pública estima que China es un fabricante masivo de productos baratos de baja calidad. Esa percepción pierde de vista que ninguna nación llega al rango de potencia global produciendo baratijas. Por el contrario, el dragón es capaz de inundar el mundo con todo tipo de mercancías a precios inigualables para los demás productores, pero es también el país más avanzado en innovación y en tecnologías de punta.

Cada seis meses se actualiza la lista de los 500 “superordenadores” del mundo que se puede encontrar en Top500.org. En 2001 casi la mitad de esos ordenadores pertenecían a Estados Unidos y China no aparecía en lista. En 2013 Estados Unidos seguía ostentando la mayoría absoluta, pero China ya tenía 63 superordenadores entre los 500 más veloces. En ese año el ordenador más rápido era el Tianhe-2, fabricado por la Universidad Nacional de Tecnología de Defensa de China, desplazando al mejor de Estados Unidos. El tiempo diría que no fue flor de un día.

Este año se produjo un hecho notable. O mejor, tres en uno. El Centro de Computación de Wuxi creó una computadora que deja atrás a todas las máquinas conocidas. Se llama Sunway Taihu Light (“La luz de la divinidad Taihu”), es capaz de realizar 93.000 billones de operaciones de coma flotante por segundo, o 93 petaflops. En suma, es tres veces más rápida que la supercomputadora china que estaba en primer lugar en el ranking mundial y casi seis veces más veloz que la estadounidense mejor colocada. La “compu” tiene 41 mil procesadores y 260 núcleos y su costo fue de 260 millones de dólares.

El segundo dato es que fue construida totalmente con componentes chinos. Las otras supercomputadoras chinas, como la Tianhe-2, están fabricadas con chips de la estadounidense Intel. Pero en abril de 2015 Estados Unidos prohibió la venta de chips para supercomputadoras a China, lo que en realidad sirvió para estimular a los asiáticos (El Mundo, 21-VI-16).

El tercer dato es que por primera vez China supera a Estados Unidos en la cantidad de máquinas incluidas en la lista de las 500 más veloces: tiene 167, frente a 165 de su competidor. Un dato adicional es que todas las computadoras de este tipo, en todos los países, utilizan Linux, o sea software libre.

En paralelo, China ha sobrepasado a todos los países en la solicitud de patentes, ensanchando cada año las distancias con los demás. En 2015 solicitó 1,1 millones de patentes a la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (Ompi), cifra que supera a las que presentaron Estados Unidos, Japón y Corea del Sur juntos, que son los que le siguen en el ranking mundial.

Pero lo más importante es la velocidad del crecimiento chino en ese rubro, similar al que registra en todos los otros. En 2001 China presentó poco más de 30 mil solicitudes de patentes, mientras Japón pedía medio millón y Estados Unidos casi 300 mil. Una diferencia abismal. Quince años después Japón quedó estancado y los estadounidenses apenas llegan a la mitad de patentes que los chinos.

China se ha convertido en el país más innovador del mundo, no sólo en el más productivo. Las diferencias son tan grandes que se puede asegurar que la supremacía asiática seguirá creciendo como un tsunami en las próximas décadas.

NUEVAS RELACIONES. Al finalizar la gira sudamericana de Xi Jinping, el gobierno chino difundió un nuevo documento sobre sus relaciones con América Latina. A diferencia del documento anterior, de 2008, cuando el entonces presidente Hu Jintao hizo una gira por la región, el actual no está centrado en los aspectos económicos sino en los políticos.

De todos modos, las propuestas en curso parten de los vínculos económicos previos. Hasta la fecha tres países latinoamericanos han suscrito tratados de libre comercio con China: Chile en 2005, Perú en 2009 y Costa Rica en 2010. En 2015 el volumen comercial alcanzó 236.000 millones de dólares, cifra que se multiplicó por 20 en sólo una década. En ese lapso se crearon varios foros de cooperación, siendo el más importante el Foro China-Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac), que celebró su primera reunión en enero de 2015 en Beijing. El nuevo organismo estableció un plan hasta 2019 que prevé 500.000 millones de dólares de comercio y 250.000 millones de dólares de stock de inversión extranjera directa recíproca.

Es improbable que esos objetivos puedan cumplirse en los plazos estipulados, ya que el comercio bilateral está en retroceso desde 2013 por el menor crecimiento de la economía china y por la desaceleración global desde la crisis de 2008. Sin embargo, la diplomacia del país asiático se mostró muy optimista. El documento difundido destaca que “desde 2008 el ascenso de los países en desarrollo y los mercados emergentes se ha convertido en una tendencia irreversible” (Global Times, 28-XI-16). Pero el aspecto más novedoso es cuando afirma que “China puede introducir su experiencia en América Latina y el Caribe para contribuir a mejorar su gobernabilidad”.

Este es un lenguaje que no había aparecido anteriormente. En la versión difundida por el periódico oficialista Global Times se añade que los intercambios en las experiencias de gobierno deben liberarse de “grilletes ideológicos”.

Ese es el camino que está explorando China en América Latina cuando propone una “asociación estratégica integral” y al organizar la Cumbre de Líderes de Medios de Comunicación de China y América Latina y el Caribe en Santiago. En un reciente editorial el Global Times contrasta las políticas belicistas y desestabilizadoras de Washington en el mundo con las propuestas de alcanzar una “gobernabilidad global” de la mano de Beijing. El periódico cita al Financial Times, que en un editorial titulado “Trump construye muros, Xi construye puentes en América Latina”, ilustra las agudas diferencias entre ambos proyectos para el mundo.

Según esta lectura Trump viene a empeorar la herencia del Consenso de Washington, aunque la diplomacia china tiene muy claro que no habrá una ruptura entre la región y Estados Unidos. A modo de balance, el editorial concluye con una frase reveladora: “La cooperación económica entre China y América Latina ha dado a los países latinoamericanos una alternativa en el campo diplomático y más poder para negociar con Estados Unidos” (Global Times, 17-XI-16).

NADA ES LO QUE PARECE. “Desde la perspectiva de América Latina y el Caribe la diversificación exportadora aparece como la principal asignatura pendiente: sólo cinco productos, todos primarios, representaron el 69 por ciento del valor de los envíos regionales a China en 2015. La dinámica de la inversión extranjera directa china en la región refuerza este patrón, ya que casi el 90 por ciento de dicha inversión entre 2010 y 2015 se dirigió a las actividades extractivas, en particular la minería y la producción de hidrocarburos”, sintetizó la secretaria ejecutiva de la Cepal, Alicia Bárcenas, al presentar el documento “Oportunidades y desafíos”, publicado con motivo de la visita de Xi Jinping al organismo.

Bárcena comparó las características del comercio de la región con China con las del que mantiene con otras regiones del mundo. “La canasta exportadora de América Latina y el Caribe hacia China es mucho menos sofisticada que su canasta exportadora hacia el resto del mundo. En 2015 los productos primarios representaron el 70 por ciento de las exportaciones de la región a China, mientras que en sus envíos al mundo éstos fueron sólo el 34 por ciento.”

En paralelo, 90 por ciento de las inversiones chinas se focalizan en los recursos naturales, siendo fuentes de no pocos conflictos sociales. Coincidiendo con la visita de Xi, la organización Acción Ecológica del Ecuador lanzó un documento en el que destaca los graves problemas ambientales y sociales que genera la cuantiosa inversión china.

El colectivo ambientalista apunta que hasta el año 2000 Monsanto poseía la patente sobre el principio activo del glifosato, pero que al caducar ésta varias empresas comenzaron a fabricar el producto genérico a menor costo. “Así, China se ha convertido en el mayor productor y exportador de glifosato a nivel mundial” (Acción Ecológica, 15-XI-16). Pese a que el dato no es novedoso, permite destacar que la potencia hegemónica en ascenso puede traer consecuencias igual de nefastas que la potencia en declive.

La ley de minería ecuatoriana ha sido modificada para favorecer a las empresas chinas, las primeras inversoras en ese sector del país andino. Una de ellas impulsa el megaproyecto Mirador, que incluye la construcción de un puerto y carreteras para transportar el mineral desde la región amazónica. Además, el país asiático es la principal fuente de créditos para Ecuador, atados al pago anticipado de petróleo o a compromisos de compraventa. Más del 80 por ciento del petróleo exportado por Ecuador va a China.

Pero el caso más emblemático es la hidroeléctrica Coca Codo Sinclair, inaugurada por Xi en su viaje, construida por la china Sinohydro con financiamiento estatal. En diciembre de 2014 murieron 13 obreros en la construcción de la represa, sumándose a otros cuatro fallecidos meses antes en otra represa construida por China. “Las obras forman parte de una red de ocho hidroeléctricas en construcción con la que Ecuador, un país petrolero, espera dejar de importar energía eléctrica y convertirse en un exportador de energía limpia” (El Comercio, 14-XII-14).

Xulio Ríos, director del Observatorio de la Política China, sostiene que “la nueva estrategia apunta a un salto cualitativo, señalando la disposición de China a participar de forma activa en la transformación de la región sumando no sólo oportunidades de desarrollo sino también sellando una alianza para catapultar su proyección política global”. Pero, a la vez, indica que “el documento sugiere la paralela urgencia de que América Latina y el Caribe establezcan unos lineamientos mínimos de su política con relación a China” (Rebelión.org, 1-XII-16).

Este parece ser hoy el punto clave: que China esté dispuesta a cooperar con el lanzamiento de la región como actor global debe tener su contrapartida en que la región alcance algunos logros en materia de integración y sobre todo de perfil estratégico; o sea, que defina qué lugar quiere ocupar en el mundo y, por lo tanto, qué tipo de inversiones pretende acoger. Si no da ese salto seguirá siendo proveedora de commodities sin valor agregado, hipotecando su futuro.


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