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Los buscadores de oro en las cloacas de Venezuela
20/05/2019

El mecanismo para hacerle frente a la crisis

MINING PRESS/ENERNEWS/Agencia DPA

Decenas de venezolanos se zambullen cada día en el contaminado río Guaire de Caracas para buscar restos de oro o plata y sobrevivir a la crisis económica del país sudamericano, que les ha obligado a bucear en la corriente fecal en busca de cualquier residuo de valor que puedan vender para sustentar a sus seres queridos.

"Vengo para mantener a mi familia. Ahora que tengo un hijo le estoy dando más fuerte todavía para mantenerlo, para que al 'carajito' no le falte de nada. Para llevar mi comidita para mi casa. Mi kilito de arroz, o un pancito", confiesa Ángel Patete, de 22 años, mientras escudriña las entrañas del río.

El Guaire, de 72 kilómetros de longitud, es considerado como las cloacas de Caracas. Parte de los desagües y las aguas fecales de la capital venezolana van a parar a sus aguas marrones.

Su olor es hediondo, pero eso no impide que Ángel y sus compañeros hundan la cabeza en la corriente para recoger los negros sedimentos del fondo.

La actividad se realiza en grupos de tres. Una persona sujeta la cabeza y el cuerpo de quien escudriña el fondo del río.

De lo contrario, la corriente impediría la búsqueda. Mientras, un tercero recoge los sedimentos, echa una primera ojeada al material, y vierte lo seleccionado sobre un saco.

Posteriormente, los tres revisan lo recogido.

Separan los sedimentos con la ayuda de las manos, o de un cepillo.

Con suerte, encontrarán restos de alguna sortija, o una casi imperceptible porción de oro, que guardarán en unos frascos de plástico atados a sus cuellos, antes de venderlos en las casas de empeño del centro de Caracas.

"Lo que mejor se vende son sortijas, cadenas, esclavas y tobilleras. Es lo que tiene más valor", dice Patete, que vive en una humilde barriada de Caracas.

La actividad, aunque desagradable, paga. "Depende de cómo esté la semana se gana más o menos. Ahora la cosa está más difícil. Pero a diario se pueden hacer 30.000 bolívares", apunta José Zubero, de 21 años, también padre, y 'minero' del Guaire.

Esos 30.000 bolívares equivalen a cinco dólares en el mercado paralelo de divisas de Venezuela. Puede parecer poco, pero la percepción cambia si se tiene en cuenta que el salario mínimo de un venezolano son 65.000 bolívares, después de la última subida, aprobada a finales de abril.

"El sueldo no alcanza"
Así, renta más hundirse en las hediondas aguas del Guaire que tener un empleo formal.

"Con un sueldo mínimo no se vive. Uno no come. Se puede encontrar trabajo, en almacenes y vainas por el estilo. Pero el salario es muy pequeño, porque ahorita el país está rudo. Aquí gano más que el sueldo mínimo. Nadie vive de ese mínimo. Todos tienen que hacer trampitas y otras vainas por ahí", comenta Zubero.

Es el efecto de la histórica subida de precios y la devaluación de la moneda nacional. La inflación sin control cerró 2018 en 1.698.488%, según las cifras de la Asamblea Nacional, de mayoría opositora.

En las hediondas aguas del Guaire hay 'garimpeiros' desde hace al menos dos décadas, pero nunca antes habían sido tan numerosos. Tanto los mismos mineros como los vecinos de las zonas donde se concentran, los cuentan por unos pocos centenares, sin que se conozca una cifra exacta debido al carácter informal de la tarea.

Tanto Patete como Zubero dicen no haber enfermado jamás por haber entrado al Guaire, aunque se zambullen en las aguas marrones en pantalón corto, descalzos, y sin camiseta.

"Todo el país está feo. La comida no se consigue, y si se consigue es demasiado cara. También las cosas para los niños pequeños son caras", se queja Patete, que dejó los estudios a los 12 años para ayudar económicamente a su familia. No ve luz al final del túnel. "Aquí las cosas van a peor. Se va a poner más rudo todavía", cree el joven.

Entre la espada y la pared
Las condiciones de vida en Venezuela han empeorado drásticamente desde 2014. Más de tres millones de personas han abandonado el país, según la Organización de Naciones Unidas (ONU), escapando de la crisis.

El 48% de los venezolanos se encuentra en situación de pobreza multidimensional, según la Encuesta de Condiciones de Vida, (Encovi), realizada por expertos de distintas universidades. El 94% es pobre, teniendo en cuenta sus ingresos, según el mismo sondeo.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) no recibe datos oficiales del desempeño de Venezuela desde 2015. La última referencia oficial a los indicadores de pobreza la dio Nicolás Maduro en enero de 2019. El presidente venezolano dijo que su Gobierno había conseguido reducir la pobreza extrema de 4,4 a 4,3% en 2018.


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