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ANÁLISIS
Scibona: Motores dañados antes de empezar la carrera
MINING PRESS/ENERNEWS/La Nación
16/03/2020

NESTOR SCIBONA

Néstor O. Scibona

Sobre llovido, inundado. Las derivaciones de la pandemia de coronavirus sobre la economía global contagiaron esta semana el pánico a todos los mercados financieros, bursátiles y de commodities, donde la extrema volatilidad agrava la incertidumbre sobre el futuro inmediato y anula cualquier pronóstico de corto plazo.

El escenario cambió dramáticamente tras el derrumbe del petróleo gatillado por el conflicto entre Arabia Saudita y Rusia y la decisión de cada vez más gobiernos -incluido el argentino- de imponer cuarentenas obligatorias, suspender los vuelos desde y hacia los países más afectados y todo tipo de actividades con concentración de público. Así quedaron minimizadas las proyecciones previas a la propagación globalizada del Covid-19 que, aún con final incierto, hasta hace un par de semanas se circunscribían al menor crecimiento de la economía china (5% anual), el comercio mundial y su impacto sobre los países exportadores e importadores.

Con la excepción de 2008/9, este tipo de crisis globales suele encontrar baja de defensas a la economía argentina y casi sin márgenes para ensayar políticas anticíclicas. Pero la actual disparó el riesgo país por encima de 3100 puntos básicos (o sea, un nivel de default), justo antes de largar la decisiva carrera por la reestructuración de la deuda bajo legislación extranjera.

Los especialistas tienen opiniones divididas sobre el resultado de esta negociación, atípica en todo sentido, ya que arranca sin un plan económico sobre la mesa y mediante videoconferencias, debido a la restricción sanitaria para realizar road shows . Algunos creen que la crisis es un escollo y otros, una oportunidad para llegar en dos o tres meses a un acuerdo con quitas de capital y recorte de intereses que alivien los pagos externos por tres o cuatro años. El primer grupo sostiene que, como los títulos argentinos cotizan a entre 30 y 35% de su valor y los mercados buscan activos seguros (bonos de Estados Unidos o Alemania) pueden resultar atractivos para que los fondos buitre compren y litiguen por el 100%, lo cual podría complicar la adhesión al canje. El segundo, en cambio, considera que una reestructuración exitosa mejoraría el rendimiento de los bonos en poder de los grandes fondos internacionales de inversión, que, por lo general, no tienen ahora en sus carteras demasiada exposición al riesgo argentino.

Sin embargo, hay consenso en que, a falta de equilibrio fiscal primario al menos hasta 2023, la Argentina deberá mantener o aumentar su superávit comercial para acumular reservas y evitar una mayor vulnerabilidad a corto y mediano plazo.

El problema aquí es que los principales motores de generación genuina de dólares vienen sufriendo daños provocados por factores externos y decisiones internas:

 

Exportaciones agropecuarias: China es el principal mercado para las ventas argentinas de poroto de soja (90% del total en 2019), carne vacuna (70%) y porcina (22%). En carnes, las restricciones del gigante asiático redujeron los embarques, en tanto que la desaceleración de la demanda de soja, junto con la cosecha récord de Brasil, provocó en lo que va del año caídas de 8,7% en los precios del poroto y de 27% del aceite en Chicago.

También hubo retrocesos en trigo (-8,5%) y maíz (-4,5%). De ahí que el último aumento de las retenciones a la soja (del 30 al 33%, previsto en la ley de emergencia) haya sido más que inoportuno, porque coincide con las cotizaciones más bajas de los últimos seis meses. Y su aplicación segmentada por volúmenes reduce su efecto recaudatorio, además de desincentivar una mayor producción a futuro.

 

Rédito político

Por eso en el sector creen que fue una medida para buscar rédito político más que fiscal, ante la certeza de que iba a precipitar el cese de comercialización dispuesto esta semana por la Mesa de Enlace. Si bien Alberto Fernández tuvo una reacción relativamente moderada (habló de "intolerancia" y un "paro raro"), sus declaraciones contrastaron con las del universo kirchnerista, que buscó recrear el clima de confrontación de 2008. Desde la pantalla de C5N, Víctor Hugo Morales lo calificó de "paro antipatriótico", mientras Juan Grabois reclamaba una anacrónica reforma agraria.

Con este doble discurso político y el hecho de que la ley de emergencia deja margen para subir las retenciones a otros cultivos, como trigo y maíz, que no fueron aumentadas, el decreto agregó otro factor de incertidumbre que puede afectar futuras decisiones de siembra.

 

Petróleo: el precio internacional del crudo por debajo de US$40 el barril (el Brent cayó ayer a US$33, la mitad que en enero) torna inviables las inversiones para aumentar la producción no convencional en Vaca Muerta y generar crecientes saldos exportables a mediano plazo. Si bien la extracción creció 49% en 2019 y representó 19% del total, sus costos son entre 4 y 5 veces más altos que en los yacimientos convencionales. También la actual crisis deja en suspenso la nueva ley de hidrocarburos que, sin detalles, el Presidente prometió enviar al Congreso hace dos semanas.

 

A esto se agrega que el congelamiento de los combustibles desde el 1° de diciembre (después de un año de precios políticos por la campaña electoral, una suba acumulada de 59% en el dólar mayorista y suspensiones parciales del impuesto específico) impide bajarlos en línea con el desplome del petróleo. Por lo pronto, el Gobierno aplicó licencias no automáticas para frenar por 60 días importaciones a precios más bajos que los domésticos y prevé discutir en los próximos días un esquema de precio sostén (tipo "barril criollo"), reclamado por empresas, provincias y sindicatos para no afectar la producción local. En cambio, el exministro Juan José Aranguren sostuvo esta semana, en declaraciones a radio EcoMedios, que la mejor solución sería aprovechar la baja del crudo para volver al esquema de precios internacionales, pero con un fondo de compensación que evite replicar la volatilidad del mercado.

Vuelos en problemas

 

Turismo y servicios: la pandemia de coronavirus y su correlato de suspensiones o cancelaciones de vuelos internacionales, que está provocando enormes pérdidas a las compañías aéreas, también afecta a la Argentina como destino turístico y fuente de ingreso de divisas. Por primera vez después de casi cuatro años, en diciembre y enero (último dato disponible) hubo más arribos de viajeros extranjeros que salidas de argentinos. La proyección para los próximos meses no es alentadora, aunque tal vez la balanza pueda equilibrarse con menores llegadas de extranjeros y partidas de argentinos, si bien por ahora no están vedados los viajes a países limítrofes. También los cruceros turísticos están sufriendo la crisis, al igual que el transporte marítimo de cargas, los seguros y los servicios de infraestructura logística portuaria y aeroportuaria, debido a la desaceleración del comercio internacional.

 

En cambio, las exportaciones de servicios ligados a la economía del conocimiento, que el año último superaron los US$6000 millones y pueden operar con trabajo a distancia, se ven perjudicados en sus inversiones por la anulación de la estabilidad tributaria por 10 años, excluida por la nueva ley aprobada por el Congreso.

 

Exportaciones a Brasil: el principal destino de las ventas industriales argentinas acaba de reducir su proyección de crecimiento del PBI para 2020 a 2% anual (aunque podría resultar algo más baja), a la vez que la devaluación del real hizo que esta semana su cotización superara por primera vez los 5 reales por dólar, aunque ayer retrocedió 30 centavos. En lo que va del año, el dólar acumula una suba nominal de 13,5% en Brasil y 4,9% en la Argentina, lo cual reduce la competitividad de las exportaciones argentinas (que en el caso brasileño no pagan retenciones). Según el índice diario del BCRA, el tipo de cambio real multilateral (un promedio ponderado de las monedas de los principales socios comerciales del país) se redujo -5,6% en lo que va de 2020 y -3,7% interanual.

 

Quizá por esto el economista Pablo Gerchunoff tuiteó esta semana, en plena crisis del coronavirus, una frase de John Maynard Keynes ("cuando cambian las circunstancias, cambio de opinión") para sugerir que el Presidente tal vez deba hacer lo propio con la política de retenciones. Tampoco estaría mal -podría agregarse- que se diseñe un plan para reducir o eliminar impuestos distorsivos y regresivos, no solo para aumentar las exportaciones, sino también la producción argentina tras casi diez años de estancamiento. Pero para eso hay que trabajar sobre el gasto público improductivo.


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