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CUARENTENA
Alcaldes de Lima piden mantener toque de queda. ¿Por qué Perú no frena los contagios?
MINING PRESS/ENERNEWS/

Con más de 257.000 y más de 8.200 muertos

24/06/2020

Los alcaldes de la Mancomunidad de Lima Centro indicaron que la "compleja situación sanitaria que vive el país" obliga a "replantear medidas preventivas".

Los alcaldes de la Mancomunidad de Lima Centro pidieron al presidente Martín Vizcarra que se mantenga la inmovilización social obligatoria, más conocido como toque de queda, implementado para contener la propagación del coronavirus (COVID-19).

“La compleja situación sanitaria que vive el país y los esfuerzos para controlar el COVID-19 nos obligan a replantear medidas preventivas en el marco de una nueva convivencia social con enfoque territorial”, indicaron los burgomaestres en su pronunciamiento.

 

Además, las autoridades ediles solicitaron que las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional se dediquen al “control ciudadano” durante el toque de queda, en caso se prolongue.

En el documento aparecen como firmantes Alberto Tejada (presidente de la Mancomunidad Lima – Centro y alcalde de San Borja), Carlomagno Chacón (alcalde de Magdalena del Mar), José Rodríguez (alcalde de Barranco), Jorge Quintana (alcalde de Jesús María), George Forsyth (alcalde de La Victoria), Vicente Amable (alcalde de Lince), Luis Molina (alcalde de Miraflores), Stephen Haas (alcalde de Pueblo Libre), Jean Pierre Combe (alcalde de Surco), Juan José Guevara (alcalde de San Miguel), Giancarlo Casassa (alcalde de Surquillo) y Augusto Cáceres (alcalde de San Isidro).

 

Lunes, la Mancomunidad de Lima Centro expresó su “preocupación y extrañeza” por las intervenciones de la Policía Nacional y el Ministerio Público a las municipalidades, como parte de las investigaciones por presuntos actos de corrupción cometidos en las compras y entrega de canastas de víveres a las personas vulnerables durante el estado de emergencia por el coronavirus (COVID-19).

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¿Qué pasó en Perú que no logró frenar los contagios tras 100 días de cuarentena?

EFE

FERNANDO GIMENO

Fue el primer país en América Latina en imponer el confinamiento. Pero aún así, ya tiene más 257.000 casos y más de 8.200 muertos. Algunas claves

El primer país de América Latina en decretar la cuarentena nacional y obligatoria para frenar la expansión del coronavirus, cumple este martes 100 días de confinamiento, instalado como el sexto país del mundo con más casos confirmados, con más de 257.000 y más de 8.200 muertos.

 

El confinamiento comenzó el 16 de marzo cuando apenas había registrados 71 casos, lo que hizo de Perú uno de los países más precavidos, con una reacción muy anterior a la de otros como Italia, España y el Reino Unido.

Sin embargo, el virus siguió propagándose a una velocidad mayor a las previsiones iniciales, haciendo que tanto peruanos como extranjeros se pregunten por qué.

 

Si bien la cuarentena ha servido para evitar unas 100.000 muertes y 900.000 contagios, según los cálculos del Centro Nacional de Epidemiología, la efectividad del aislamiento pudo ser mayor de no haber sido por diversas circunstancias que aparentemente restaron poder a esta medida de emergencia.

 
 

Los mercados, uno de los pocos sitios a los que estaba permitido salir bajo las estrictas condiciones iniciales del confinamiento, se convirtieron rápidamente en grandes focos de contagio al concentrar enormes aglomeraciones de gente.

 

Tras un mes y medio de operación en los mercados casi sin medidas de seguridad, el gobierno comenzó a hacer pruebas rápidas en estos centros y saltó la alarma: algunos, como el Mercado de Frutas de Lima, tenían al 80% de sus vendedores infectados.

Una fila para entrar a un shopping en Lima, Perú, tras la reapertura de algunos comercios. /AFP

Una fila para entrar a un shopping en Lima, Perú, tras la reapertura de algunos comercios. /AFP

"Vas a comprar y te llevas el COVID-19 de 'yapa' (cortesía)", advirtió el presidente de Perú, Martín Vizcarra.

Las medidas de aislamiento favorecieron las aglomeraciones en mercados, que vieron limitados sus horarios de apertura por los toques de queda. Tampoco ayudó la polémica norma de segregar la salida a la calle de hombres y mujeres en días alternos, lo que daba a lugar a masivas concentraciones en los días reservados para las mujeres.

Una fila para recibir ayuda alimentaria en un barrio carenciado de Lima, en Perú. En estos centros también se propagó rápidamente el Covid-19. /AP

Una fila para recibir ayuda alimentaria en un barrio carenciado de Lima, en Perú. En estos centros también se propagó rápidamente el Covid-19. /AP

Medios de transporte, puntos calientes

También los medios de transporte sufrieron aglomeraciones, especialmente en las horas pico, a pesar de que en los primeros días, el 90% de los casi 2 millones de automóviles que se mueven diariamente por Lima estaba detenido.

Con 10 millones de habitantes y solo una línea de metro, las pocas líneas formales de autobuses urbanos también se volvieron puntos calientes y móviles de propagación para el virus.

El transporte público, otro vehículo de fuerte transmisión del coronavirus en Perú. /DPA

El transporte público, otro vehículo de fuerte transmisión del coronavirus en Perú. /DPA

Sin embargo, en estas redes de transporte no comenzaron a hacerse pruebas hasta finales de mayo, cuando se reveló que entre 25% y 43% de los viajeros del Metro de Lima dieron positivo a estos análisis, mientras que en el Metropolitano, una red de autobuses con carril segregado, la tasa de positivos fue de entre el 13% y 15% de los usuarios.

El transporte también ayudó a que el virus, inicialmente concentrado en los barrios de clases medias, se propagara en dirección a los sectores más humildes, donde una vez instalado se diseminó con mayor virulencia.

Un empleado le da alcohol en gel a un cliente en un shopping en Lima, este lunes, tras el inicio de la reapertura en Perú./AFP

Un empleado le da alcohol en gel a un cliente en un shopping en Lima, este lunes, tras el inicio de la reapertura en Perú./AFP

Filas en los bancos

Consciente de que prácticamente el 70% de la población económicamente activa trabaja de manera informal y vive de lo que gana en el día a día, el gobierno lanzó desde el inicio de la cuarentena un fuerte programa de subvenciones y bonos para los hogares más pobres.

Sin embargo, estas ayudas estatales diseñadas para que los más desfavorecidos permanecieran en sus casas, acabaron por generar más contagios, pues causaron grandes aglomeraciones en las oficinas bancarias para cobrarlas, ya que muchas de estas familias no poseen cuentas bancarias y debían recibir el dinero en efectivo.

También se propagó el coronavirus durante la entrega de canastas de alimentos básicos que estaba a cargo de los alcaldes, lo que afectó a poblaciones vulnerables como comunidades indígenas.

Una familia acompaña el cuerpo de una víctima del coronavirus, en un cementerio de Lima, Perú. /BLOOMBERG

Una familia acompaña el cuerpo de una víctima del coronavirus, en un cementerio de Lima, Perú. /BLOOMBERG

Es el caso de Pucacuro, una comunidad de etnia achuar hasta donde llegó una comitiva municipal con varios funcionarios infectados, incluido el alcalde, que no respetó ninguna medida de seguridad en su afán por entregar los alimentos.

Migración masiva

A medida que el confinamiento se alargaba de quincena en quincena, muchas familias se quedaron sin recursos ni alojamiento y comenzaron a migrar masivamente desde Lima hacia sus regiones de origen, pese a la prohibición de los transporte interprovinciales.

Eso no amilanó a miles de personas, que ante la posibilidad de morir de hambre en Lima, se lanzaron a las carreteras dispuestas a recorrer cientos de kilómetros a pie para regresar a sus lugares de origen y al respaldo de sus familias.

Pese a que el Ejecutivo nacional y los gobiernos regionales trataron de controlar a estos grandes grupos con pruebas rápidas y traslados humanitarios organizados en ómnibus y avión, no evitó que en algunos casos el Covid-19 llegara a zonas remotas donde hasta entonces no estaba presente.

Las autoridades facilitaron establecimientos para que estos viajeros pudieran cumplir una cuarentena obligatoria de 14 días para precisamente evitar eventuales contagios, pero en muchos casos ese aislamiento no se cumplió y puso en riesgo todo el plan de prevención.

 

A partir de mayo la situación económica se volvió insostenible para la mayoría de peruanos que trabajan en la informalidad, ya que las ayudas sociales solo llegaron a una pequeña parte, que se vieron obligados a salir a las calles para tratar de ganar algo de dinero, rompiendo masivamente la cuarentena.

Tácitamente, el confinamiento quedó levantado en zonas de Lima, cuyas calles se inundaron de vendedores ambulantes, muchos de ellos trabajadores de las cientos de galerías comerciales formales que el Gobierno había ordenado cerrar.

Precisamente, ante esta evidencia del incumplimiento de las restricciones, el gobierno se ha visto obligado a autorizar la apertura de los negocios formales esta semana para evitar que continuaran en las calles.

Más allá de esto, casi desde el mismo inicio de la cuarentena, la población desacató masivamente, por motivos sociales o culturales, las órdenes de confinamiento en algunas regiones como la norteña Piura y la amazónica Loreto, que luego han sido después de Lima las más golpeadas por la pandemia.


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