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Milicic: Una mujer líder de la construcción
MINING PRESS/ECOS365
20/05/2020

En Rosario y la región hay mujeres que llegaron a ocupar puestos de liderazgo en grandes compañías o se convirtieron en exitosas empresarias. El caso de Milicic, una empresa familiar en el sector de construcción.

Si todavía resulta inusual la paridad de género en los directorios de empresas, lo es aún más en el sector de la construcción: un rubro más “conservador”, en palabras de la actual gerente general de una de las principales constructoras de la región. 

 

 

Sin embargo, María de los Ángeles Milicic, de profesión abogada, supo abrirse camino en la constructora familiar, de la mano de un padre trabajador y referente, que dio la oportunidad para que sus hijas pudieran crecer y dirigir.

 

 

Milicic, con sede en la zona oeste de Rosario, hoy se encuentra empleando más de 2.000 personas en todo el país y realizando trabajos en el exterior.

 

 

La empresa, con más de 40 años de experiencia en el mercado, se dedica a los grandes movimientos de suelo, obras civiles industriales y de infraestructura, higiene urbana, demoliciones, alquiler de equipos y minería.

 

 

 

Con tantos años de trayectoria, Milicic tuvo muchos momentos de crecimiento exponencial. La primera etapa fue de inicios, desafíos e incursión en los mercados. Actualmente, se encuentran en una etapa de consolidación y más profesionalización: un paso que M. de los Ángeles, o Marian como la conocen muchos, considera necesario para seguir creciendo y “armando la estructura”.

 

 

Sin embargo, ella no siempre se dedicó de lleno a la empresa de la que hoy es gerente general, sino que durante 9 años ejerció como abogada de manera totalmente independiente de la constructora. En el año 2001, la familia comenzó, paso a paso, un programa de transición. En ese momento, Marian se acercó porque su padre, Carlos Milicic, entendía que en algún momento ella iba a ocupar un rol mínimo en la empresa, al menos como accionista. En ese momento, Marian todavía no se proyectaba trabajando en la construcción. De ese proceso también participó su hermana, quien hoy está a cargo de la gerencia administrativa - financiera.

 

 

A partir del año 2004 (luego del despegue de la crisis del 2001), Marian comenzó a trabajar en la empresa con cuestiones legales. En paralelo, seguía trabajando en el estudio de abogados, era docente de una cátedra en la universidad y tenía un micro de radio. Con el tiempo y madurando sus decisiones laborales, se dedicó de lleno a la empresa familiar. 

 

 

Carlos Milicic tenía 52 años cuando comenzó con los planteos de sucesión, por ello sus hijas consideran que siempre tuvo “visión para anticiparse”. Hoy en día, Carlos sigue participando del directorio, tomando decisiones acerca de las inversiones y contagiando un espíritu trabajador, pero fue abriendo muchos espacios de dirección y afirma que ahora “trabaja para sus hijas”. Esa es la clave de la empresa familiar, en palabras de la actual gerente.

 

 

Marian sabe que, si no hubiese sido decisión de que la empresa continúe siendo familiar, hoy sería muy difícil que una mujer como ella pueda ocupar el puesto de gerente, ya que no hubiese tenido las mismas oportunidades de participar en una empresa constructora, más allá de sus capacidades personales. Por ello, resalta la importancia de defender los espacios de mujeres empresarias, sin distinguir “sectores de trabajo” en base al género.

 

 

 

¿Cuáles fueron tus primeros pasos en Milicic? ¿A medida que fuiste avanzando en la gerencia sentiste alguna diferencia por cuestiones de género?

 

 

La construcción es un rubro de hombres, en general. Hay muy pocas mujeres en empresas constructoras. Una vez fui a una jornada de la Asociación de Empresarios Argentina en Buenos Aires, en el hotel Sheraton y era gracioso porque en el break fui al baño y había cola en el baño de hombres y en el baño de mujeres no había nadie. ¡Siempre es al revés! Esto representa cuál es el lugar que tienen las mujeres en el ámbito empresario. Y eso que había industrias de todo tipo.

 

 

Yo tengo claro que estoy en este lugar porque hay una decisión familiar de que la empresa siga siendo de la familia y porque mi papá vio en los hijos la posibilidad de continuarla; y estamos demostrando que podemos hacerlo. Sé que si no fuese por esa decisión, o si no fuese la hija del dueño, no hubiese tenido las mismas oportunidades de estar en una empresa constructora. Sería muy difícil para una mujer poder acceder a un lugar así porque en general en las direcciones de las empresas hay muy poco espacio para mujeres, en algunas industrias es distinto, pero hay poco espacio.

 

 

El tema del rol de la mujer en las empresas está muy en agenda y nosotros lo venimos pensando y planteando dentro de la empresa. El año pasado hicimos desayuno con mujeres, que lo convoqué desde Junior Achievement (fundación que preside) y éramos 30 mujeres de empresas de Rosario, multinacionales y medianas. La idea era compartir prácticas vinculadas al espacio de la mujer; y la verdad que hay muchas cosas por hacer porque la brecha salarial es real, porque muchas veces las mujeres que llegan son porque “hacen de hombre”, en el sentido de que no se contempla la realidad de una mujer para que sea más fácil su acceso. La mujer pasa por momentos donde tiene hijos chicos, que demandan; y si te acomodas a nivel familiar para que esa demanda no exista entonces tenés una oportunidad, sino, no las hay.

 

 

 

¿Surgieron cosas en común en ese encuentro?

 

 

Sí, hay inquietudes y hay otros espacios similares también de mujeres y organizaciones. Hay prácticas que se pueden compartir. La necesidad es que haya espacios así. Me voy convenciendo que parte primero de que las mujeres podamos estar seguras de que son espacios que tenemos que defender. Porque a veces las mismas mujeres nos ponemos un freno. “Este trabajo es para hombres”, escuché decir alguna vez. ¿Y por qué?

 

 

¿Hay algunas mujeres que admires profesionalmente, o que veas como un modelo?

 

 

En el ámbito empresario conozco algunas mujeres, no sé si tengo un modelo, no son tantas tampoco las referentes. Me acuerdo que me inspiré en algunas ideas de Isela Costantini, que fue en General Motors y aparte hizo pública su vida y su gestión. El estilo de dirección de una mujer -el mío en este caso- es distinto en mucho al estilo de mi papá, por ejemplo. No solamente por un tema de género, que seguramente también tiene que ver con eso, sino también porque confluye el momento de la organización, el tamaño, que hay cuestiones que no se puede hacer como se hacían antes, sino que hay que construir bases de consenso para que las cosas pasen. Ya no hay alguien que diga “esto es así”, tiene que haber un mínimo de consenso.

 

 

 

Además, yo no me formé en la industria, mi papá se podía parar frente a una obra y mirando ya entendía que se estaba produciendo, yo a eso tengo que manejarlo de otra manera. La organización en alguna medida se tiene que adaptar a ese estilo de liderazgo y eso es todo un proceso que lleva tiempo. Los que hablan de empresas familiares dicen que el traspaso generacional lleva diez años de preparación.

 

 

¿Te parece que habría entonces una nueva impronta de acá en adelante en la gestión?

 

 

Sí, me parece que la hay, pero que también hay un montón de cosas para hacer. Porque yo pensaba que la empresa está muy acostumbrada a un liderazgo que venga marcado, hay también un grupo de gerentes que tienen que consolidarse como grupo para ser la base de la toma de decisiones. Hay que construirlo con el tiempo y generar espacios.

 

 

 

Y en ese sentido ¿hacia dónde van y en dónde están? Porque empezaron a hacer inversiones en energías renovables, Vaca Muerta, Uruguay…

 

 

Nosotros lo que hacemos son obras de construcción, movimiento de suelos y obras civiles de infraestructura. Hoy estamos diversificados en tres grandes mercados: uno es la minería, que sigue siendo importante. Tenemos Milicic Minería radicada en San Juan, que abrimos en el 2012 bajo el régimen de promoción de inversiones mineras, que nos permitió comprar equipos de manera competitiva. También trabajamos en Catamarca, en algunas mineras cementeras como para Cemento Avellaneda. Después en energía, que el gobierno saliente durante los últimos años ha impulsado las inversiones privadas en esa materia. Ya hace 10 años que trabajamos en las dos centrales termoeléctricas de Timbúes. Y en proyectos de energía renovables, que han demandado inversiones porque el gobierno las fomentó.

 

 

La expectativa no está clara acerca de cómo va a seguir. Vemos que va a ir bajando la participación en renovables. Y también trabajamos en oil & gas, que arrancamos en el 2014. Hasta ahora estamos con bastante trabajo ahí, casi todo para YPF. Pero hacemos lo mismo: vendemos movimiento de suelos u obra civil al mercado que lo demanda.

 

 

El negocio nuestro es distinto a otras empresas constructoras porque vendemos la obra, pero donde somos competitivos es donde hay una importante cuota de servicio en lo que se brinde. Para hacer un metro cubico de hormigón en Rosario, no tenemos ningún contrato cerrado porque nos cuesta un montón por nuestra estructura pesada. Pero cuando eso lo tenemos que hacer en Catamarca a 4.000 metros de altura, hay un componente de servicio que es donde somos más competitivos: por la distancia, por la logística, por plazo, etc.

 

 

¿Con quiénes compiten?

 

 

Hay empresas multinacionales, empresas argentinas, depende del lugar… Hay empresas locales que compiten por alguna parte del trabajo y muchas veces nos asociamos con esas empresas locales, porque nos abre la puerta a las provincias que también quieren que trabajen las empresas locales.

 

 

¿La causa de los cuadernos corrió a jugadores del sector en términos de competencia?

 

 

Creo que sí. Que eso a nosotros nos ha beneficiado porque estos clientes que están en el sector privado muchas veces son financiados por organismos multilaterales de crédito o actores del sistema financiero internacional, que miran con lupa quienes son los contratistas. Porque en la medida en que estén expuestos a algún problema es un riesgo para que el proyecto llegue a buen puerto. Los clientes nuestros en general son empresas multinacionales, que llevan adelante este tipo de inversiones, sobre todo en el sector minero y renovables. Se esta dando toda una movida de mirar en los contratistas.

 

 

Hay toda una movida del mercado en general que les demanda a las empresas que sean transparentes, socialmente responsables, medioambientalmente sustentables, que en las comunidades donde trabajan generen impactos positivos. Lo que se conoce como Sistemas B, de triple impacto. Entonces a veces los clientes nos piden dentro de nuestra propuesta que digamos qué trabajo vamos a hacer en las comunidades cercanas en las que trabajamos, porque sus clientes se los preguntan.

 

 

Por ejemplo, con el litio en Catamarca que se vende a las automotrices. Porque las automotrices tienen clientes que están mirando qué hacen en la mina de donde sale el litio en relación a las comunidades locales: una trazabilidad completa. Entonces no es una cuestión sólo de bondad, sino que el mercado se está comportando distinto y es muy interesante.

 

 

Y en ese sentido, en términos de desarrollo social ¿qué pensás del rol de los empresarios?

 

 

Se hace mucho desde las empresas, pero siempre parece que es poco. Nosotros tenemos una agenda en estos temas, hay un grupo multidisciplinario en Milicic que lleva adelante estas políticas y hace un relevamiento acerca de cómo se comporta la empresa en relación a los grupos de interés: los empleados, las comunidades, los proveedores, clientes. Hay un montón de cosas por hacer, incluso también de comunicar lo que ya se hace porque eso genera un impacto positivo. Hay muchas empresas trabajando en esto, todos los días hay historias de situaciones que no tienen que ver solo con la colaboración, sino con darle oportunidades a la comunidad donde se está trabajando. Tomar ese tipo de decisiones es positivo y en ese sentido hay como un cambio en el último tiempo. Que pasa no solo por dar, o colaborar, sino de orientar el negocio en función de medir que impacto genera. Eso también es crecimiento.

 

 

¿Tu interés en estos temas es personal o cómo surge?

 

 

Me parece que como empresa tenemos que estar involucrados, comprometidos y la educación me interesa. El trabajo de Junior Achievement me parece muy bueno. Damos programas de las habilidades que tienen que tener los jóvenes para la inserción laboral, de las ventajas de permanecer en la escuela y lo damos en las escuelas de todos los lugares donde tenemos base.

 

 

También participamos de algunas organizaciones más gremiales, como la Cámara de Construcción, u otras como Trascender, que suman a la construcción de algún bien común.

 

 

Acá también hay una asociación civil de empresarios de la zona oeste, que mi papá la preside hace muchos años y antes la presidió Alberto Goyán. Se trabaja por el bien común de la zona.

 

 

¿Tienen idea de volverse una empresa Latinoamericana? Ya que están haciendo negocios en Uruguay…

 

 

Creo que en un futuro sería importante porque hay que diversificar el “riesgo Argentina”. Pero eso implica un montón. Uruguay es casi como trabajar en una provincia, más allá de los trámites aduaneros, no nos modifica el negocio. Es similar a ir a hacer una obra a Santa Cruz. El tema de pensar en otros mercados más lejos es primero ver si el modelo de negocios nuestros es replicable y, en ese caso, con qué estrategia entrar en otro mercado, en cuál mercado… es un tema que está en agenda y sería interesante.

 

 

En un modelo de negocios que tiene tanto componente de servicios como el nuestro y requiere un activo importante de camiones, máquinas para poder brindar el servicio en el tiempo en que lo quiere el cliente, es todo un soporte necesario que hay que evaluar cómo se replica en el exterior.

 

 

¿Qué perspectiva tienen para este año?

 

 

Estamos proyectando el año con un back up importante de contratos, entendemos que vamos a poder sostener el nivel de actividad que tuvimos el año pasado, que va a ser un año que va a llevar un tiempo acomodarse. En lo personal soy optimista.

 

 

Creo que las cosas en Argentina debieran ir acomodándose o esa es la hipótesis con la que trabajamos, después, sino pasa, nos vamos a acomodando hacia otra realidad. Pensamos que vamos a sostener el nivel de actividad, aunque no estamos proyectando crecer como en el 2019, en términos de ventas. Sí tenemos muchos procesos que consolidar, cuestiones a mejorar, mercados con potencial que estamos viendo, como el litio en el norte del país, donde se están moviendo varios proyectos. Hay algunos mercados que pueden estar demandando y estamos atentos a eso.


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