En el Día Internacional de la Mujer Minera, los datos del último informe sectorial muestran una tendencia que se consolida: 5.312 mujeres trabajan hoy en la minería argentina, un 4,9% más que hace un año. El litio es el rubro donde más peso tienen.
Cada 15 de junio, el sector minero celebra el Día Internacional de la Mujer Minera. Este año, la fecha llega con números que, por primera vez en mucho tiempo, permiten hablar de una tendencia y no solo de una intención: el empleo femenino en la minería argentina creció un 4,9% interanual en febrero de 2026, mientras que el masculino retrocedió un 0,1% en el mismo período.
Son 247 nuevos puestos de trabajo ocupados por mujeres en doce meses. En un sector que históricamente las tuvo como excepción, cada puesto tiene nombre, turno y historia detrás.
Según el informe mensual de la Dirección Nacional de Promoción y Economía Minera, elaborado con base en datos de MECTRA, en febrero de 2026 el empleo femenino en minería alcanzó los 5.312 puestos, representando el 13,3% del total sectorial de 40.040 trabajadores. No es un pico aislado: la curva viene creciendo de manera sostenida, y la brecha respecto al empleo masculino, aunque sigue siendo amplia, se achica mes a mes.

Detrás de ese 13,3% hay geólogas, operadoras de equipos, técnicas de laboratorio, profesionales de medio ambiente, administrativas de mina y supervisoras de planta. Mujeres que, en muchos casos, fueron las primeras de su generación —y a veces de su familia— en ingresar al mundo minero.
El litio, el rubro con mayor equidad
El dato más revelador del informe no es cuántas mujeres trabajan en minería, sino dónde. El litio es el rubro con la mayor participación femenina dentro de su propia nómina: el 20,7% de los empleados del sector son mujeres, con 1.116 puestos registrados en febrero.
Esa cifra no es casual. Los proyectos de litio, en su mayoría de desarrollo más reciente que los grandes yacimientos metalíferos tradicionales, incorporaron desde el inicio protocolos de diversidad y políticas activas de contratación femenina. El resultado es una composición de personal más equilibrada que en el resto de la industria.
La minería metalífera, en cambio, sigue siendo el rubro que emplea a más mujeres en términos absolutos —1.809 puestos, el 34,1% del empleo femenino total—, con un crecimiento interanual del 14%, el más alto de todos los rubros. Eso equivale a 222 nuevas trabajadoras en un año, en un segmento que hasta hace poco era casi exclusivamente masculino en sus operaciones de campo.
Presencia en todo el mapa sectorial
La incorporación femenina no se limita a los rubros más visibles. En minerales no metalíferos, 519 mujeres trabajan en el sector, con un incremento interanual del 5,9%. En producción de minerales no clasificados, el empleo femenino creció un 4,0%. Incluso en servicios mineros —un rubro que incluye desde empresas contratistas hasta proveedores especializados— hay 902 mujeres, aunque ese número cayó un 3,4% respecto al año anterior, la única contracción significativa en el segmento femenino.
Lo que falta
El 13,3% de participación femenina es un avance real, pero también un espejo de lo que queda por recorrer. En sectores como petróleo y gas o construcción, las cifras son similares o peores, lo que indica que el problema es estructural y trasciende a la minería. La escasez de mujeres en carreras técnicas de base —ingeniería de minas, geología, metalurgia— sigue siendo un cuello de botella que el sector no puede resolver solo.
Algunas empresas y cámaras han avanzado con programas de becas, mentorías y acuerdos con universidades para ampliar el ingreso femenino desde la formación. Pero la velocidad del cambio depende también de políticas públicas que aún están en construcción.
Por ahora, los números dicen que la dirección es la correcta. Cada 15 de junio, la industria tiene una oportunidad para mirar esos datos no como un logro para celebrar, sino como un piso desde el cual seguir empujando.