Analistas advierten que la dependencia de Chile de los combustibles importados hace que la economía nacional sea altamente vulnerable a las tensiones en el Golfo Pérsico.
El complejo escenario geopolítico en el Medio Oriente ha puesto nuevamente el foco en el Estrecho de Ormuz, un paso marítimo de apenas 33 kilómetros de ancho que es vital para la estabilidad energética global.
Para un país como Chile, cuya economía depende significativamente de la importación de hidrocarburos y de la exportación de materias primas, cualquier alteración en este nodo logístico representa una amenaza directa a la estabilidad de precios y a la estructura de costos de sus principales industrias.
La vulnerabilidad de la matriz energética
Por el Estrecho de Ormuz transita diariamente cerca de una quinta parte del suministro mundial de petróleo y gas licuado. Un cierre o interrupción de esta ruta provocaría un aumento inmediato y sostenido en los precios internacionales del crudo. Para Chile, importador neto de energía, esto se traduce en una presión inflacionaria automática y en un encarecimiento de la logística interna, afectando desde el transporte público hasta la distribución de bienes básicos.
En el sector extractivo, el impacto sería especialmente severo. La minería del cobre requiere de un uso intensivo de energía y combustibles para el funcionamiento de maquinaria pesada y procesos de fundición. Un alza desmedida en el valor del diesel podría reducir los márgenes de competitividad de las faenas, especialmente en aquellas de menor ley o mayor costo operativo.
Logística y competitividad de exportación
Además del factor energético, una crisis en Ormuz generaría un efecto dominó en los mercados de seguros marítimos y fletes internacionales. La incertidumbre global suele apreciar el valor del dólar frente al peso chileno, lo que si bien puede favorecer temporalmente el valor de las exportaciones de cobre, encarece el resto de las importaciones necesarias para el funcionamiento del país.