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7 DE MAYO
Diez (ERM): Minería en Argentina, del potencial a la capacidad de entrega
MINING PRESS
07/05/2026

 Fernanda Diez*

Cada 7 de mayo se habla mucho del potencial minero de Argentina. Y con razón. 

Pero quizás este año vale la pena corrernos un poco de esa idea —que ya conocemos bien— y  preguntarnos algo más incómodo, pero más útil: ¿qué nos falta para convertir ese potencial en proyectos  que efectivamente se construyan, operen y generen valor sostenido? 

Porque si uno mira la historia del sector en el país, hay algo bastante claro: nunca fue un problema de  recursos. 

Mucho recurso, desarrollo irregular 

Argentina tiene una base geológica extraordinaria. Eso no está en discusión. 

Desde los desarrollos de oro y plata que marcaron los años noventa, hasta el foco actual en cobre y litio,  siempre hubo proyectos de escala global sobre la mesa. Veladero, Alumbrera, Cerro Negro en su momento;  hoy, Rincón en Salta, los desarrollos de litio en el NOA, y especialmente el potencial transformador del  cobre en San Juan —con proyectos como Josemaría, Filo del Sol, Los Azules— que, en conjunto (y ahora  bajo el paraguas de Vicuña), podrían cambiar el perfil productivo del país. 

Y, sin embargo, el desarrollo ha sido intermitente. 

Avances importantes, seguidos de pausas. Proyectos que entusiasman, pero que tardan años en  materializarse. Inversiones que llegan, pero no siempre escalan al ritmo que podrían. 

Esto no es nuevo. Y tampoco es casual. 

No es un factor: es un sistema 

En muchas conversaciones del sector —y esto se repite cada vez más— hay una idea que aparece con  fuerza: el problema no es un factor aislado. 

No es sólo la macro. 

No es sólo la regulación. 

No es sólo lo social o lo ambiental. 

Es cómo funciona todo eso en conjunto. 

La minería hoy es, más que nunca, un sistema. Y la capacidad de desarrollar proyectos depende de cómo  se integran lo técnico, lo ambiental, lo social, lo institucional y lo económico. 

Cuando ese sistema no está bien alineado, los proyectos se ralentizan. Se encarecen. Se vuelven inciertos. Cuando sí lo está, los proyectos avanzan. Y no solo avanzan: generan confianza. 

Esto fue algo que surgió con mucha claridad en una conversación que tuve hace unas semanas en Toronto,  durante PDAC con ejecutivos, inversores y actores del sector enfocado en América Latina. 

La conclusión fue bastante directa: el desafío ya no es encontrar recursos. Es tener la capacidad de  desarrollarlos a escala y a tiempo. 

Y eso es un tema sistémico. 

Dónde estamos hoy.

Argentina hoy está en un punto interesante. 

Por un lado, el contexto global es favorable. La demanda de minerales críticos —litio, cobre— está  impulsada por la transición energética, la electrificación y también por una cuestión geopolítica: asegurar  cadenas de suministro. 

Por otro lado, el país tiene un pipeline real de proyectos que podrían avanzar en los próximos años.

Rincón, ahora con el impulso de Rio Tinto, es un ejemplo claro de cómo un proyecto puede reposicionarse y  avanzar con mayor escala. 

Los proyectos de litio en producción y expansión en Jujuy, Salta y Catamarca ya están generando  exportaciones relevantes. 

Y el cobre —que durante años fue “la próxima ola”— empieza a perfilarse como algo más concreto,  especialmente en San Juan. 

Pero junto con la oportunidad, hay una vara más alta. 

Hoy no alcanza con que un proyecto sea técnicamente sólido. Tiene que ser viable ambientalmente,  aceptado socialmente, financiable bajo estándares internacionales y ejecutable en tiempos razonables. 

Y ahí es donde se juega la diferencia. 

De casos puntuales a capacidad de escala 

Argentina tiene buenos ejemplos. Proyectos bien hechos. Equipos con experiencia. Capacidades técnicas  sólidas. 

El desafío no es demostrar que se puede hacer un buen proyecto. 

Es demostrar que se puede hacer varios. De manera consistente. 

Pasar de casos individuales a una capacidad de entrega a escala. 

Y eso requiere algunas cosas bastante concretas: 

+ mayor previsibilidad en los procesos regulatorios  

+mejor articulación entre niveles de gobierno  

+planificación de infraestructura (energía, rutas, agua) que acompañe el crecimiento  • integración temprana de lo social y lo ambiental en el diseño de proyectos  

+y una conversación madura —y basada en evidencia— sobre el rol de la minería en el país  

Nada de esto es especialmente novedoso. Pero sí es lo que, en la práctica, define si un proyecto avanza o  no. 

Una conversación que está cambiando 

Algo que sí está cambiando —y es positivo— es el tipo de conversación. 

Hace unos años, gran parte del debate estaba centrado en si la minería debía desarrollarse o no. 

Hoy, en muchos espacios, la conversación es otra: cómo se desarrolla, en qué condiciones y con qué  impacto. 

Eso abre una oportunidad. 

Porque permite discutir en términos más concretos. Más técnicos. Más constructivos. 

Y también porque alinea mejor a los distintos actores —empresas, gobiernos, comunidades, inversores— en torno a un objetivo común: que los proyectos funcionen. 

El factor tiempo 

Hay un elemento adicional que no siempre se explicita, pero que es clave: el tiempo. 

En un contexto global competitivo, donde el capital se mueve hacia donde hay mayor certidumbre, la  capacidad de avanzar con tiempos razonables se vuelve un factor decisivo. 

No se trata de acelerar a cualquier costo.

Pero sí de reducir incertidumbres innecesarias. De hacer más claros los procesos. De evitar que los  proyectos queden atrapados en ciclos indefinidos. 

Porque, en última instancia, los proyectos que no avanzan no generan valor para nadie. Una oportunidad concreta 

Argentina no está empezando de cero. 

Tiene recursos, tiene proyectos, tiene experiencia y tiene interés inversor. 

Tiene, además, un contexto global que probablemente no se repita de la misma manera en las próximas  décadas. 

La oportunidad es concreta. 

Pero no está garantizada. 

Y probablemente no se juegue tanto en el subsuelo como en la superficie: en la capacidad de organizar,  coordinar y ejecutar. 

Volviendo a la conversación en Toronto, una frase que quedó resonando fue que los países que van a  capturar esta oportunidad no son necesariamente los que tienen más recursos, sino los que tienen mayor  capacidad de desarrollarlos. 

Eso interpela directamente a Argentina. 

Para cerrar.  El Día de la Minería es una buena excusa para mirar hacia atrás. 

Pero quizás, sobre todo, es una oportunidad para mirar hacia adelante con un poco más de realismo —y  también con bastante más optimismo del que a veces nos permitimos. 

Porque si algo es cierto, es que hoy estamos más cerca que antes. 

Más cerca de tener proyectos que pueden avanzar. 

Más cerca de tener una conversación más madura. 

Más cerca de entender que el desafío es sistémico —y, por lo tanto, abordable. 

Si logramos alinear esos elementos, la minería puede ser uno de los motores más relevantes del desarrollo  argentino en los próximos años. 

 

No por el potencial —que siempre estuvo— sino por la capacidad de convertirlo en realidad.

*ESG & Sustainability Partner en ERM


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*La información y las opiniones aquí publicados no reflejan necesariamente la línea editorial de Mining Press y EnerNews

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