Casi 40.000 empleos directos, salarios 2,5 veces el promedio y un salto pendiente: el mercado laboral minero a la espera del cobre
La CAEM advierte que la narrativa que minimiza la generación de empleo minero es falsa y pide a los medios que corrijan la imagen del sector. Con los proyectos de cobre en marcha, el potencial de contratación crecerá exponencialmente.
Las cifras de enero 2026 de la Secretaría de Minería muestran una industria estable con crecimiento en los rubros metalíferos. Pero el verdadero test llegará cuando entren en construcción los megaproyectos de cobre: ahí el empleo podría multiplicarse varias veces.
"Estoy escuchando permanentemente que la minería no genera fuentes de trabajo importantes. La verdad es que es una locura decir eso". Con esa frase directa, Roberto Cacciola, presidente de la Cámara Argentina de Empresas Mineras (CAEM), abrió uno de los pasajes más encendidos de su presentación ante la prensa durante la Semana de la Minería. El dirigente apuntó contra un relato que, en su opinión, circula con frecuencia en medios masivos y que calificó como una distorsión de la realidad.
Los números que acaba de publicar la Secretaría de Minería de la Nación le dan sustento a esa defensa, aunque también revelan matices que el sector prefiere no ignorar.
La fotografía de enero 2026: estabilidad con señales mixtas
Durante enero de 2026, el empleo minero formal en Argentina alcanzó los 39.698 puestos de trabajo directos. La cifra representa una caída marginal del 0,3% respecto a enero de 2025 —es decir, la pérdida de 136 puestos en doce meses—, lo que ubica al sector en una meseta que el propio sector atribuye a la espera de que los grandes proyectos aprobados bajo el RIGI pasen de la etapa de planificación a la de construcción activa.

La participación del sector en el empleo privado registrado total del país se mantiene en el 0,6%. Un número que a primera vista parece modesto, pero que gana otra dimensión cuando se lo mira en su contexto geográfico: en las provincias donde opera la minería, la actividad explica fracciones mucho mayores del empleo formal y, sobre todo, del empleo de calidad.
El dato saliente: la minería metalífera tracciona el crecimiento
Dentro de la fotografía general, el rubro que más atención merece es el de la minería metalífera —el que agrupa a las minas de oro, plata, cobre y litio—. Con 12.811 puestos directos, es el segmento que más empleo formal concentra dentro del sector, explicando el 32,3% del total. Y, a diferencia del promedio general, muestra una tendencia positiva: creció un 3,9% interanual en enero, sumando 477 nuevos puestos en doce meses. En términos absolutos, fue el rubro que más empleo generó en todo el sector durante ese período.
Este dato es relevante porque es precisamente en la minería metalífera donde se concentran los grandes proyectos en cartera: Pachón, Los Azules, Vicuña (Filo del Sol y Josemaría) y otros que acumulan decenas de miles de millones de dólares de inversión comprometida bajo el RIGI. Lo que se está viendo en los números de metalíferos es, en parte, el inicio del proceso de contratación y preparación que precede a la construcción plena.
El mapa provincial: Catamarca lidera el crecimiento, Salta retrocede
El 82% del empleo minero del país está concentrado en apenas siete provincias. La distribución, sin embargo, no es uniforme: hay jurisdicciones que están creciendo con fuerza y otras que muestran caídas que merecen atención.
El dato más llamativo del mapa provincial es el de Catamarca: con un crecimiento interanual del 23,4%, es la provincia que más empleos mineros sumó en términos relativos. La explicación está en la consolidación de proyectos de litio en la Puna catamarqueña y en el relanzamiento de actividades vinculadas al yacimiento Agua Rica, que retoma gradualmente operaciones. San Juan, por su parte, creció un 5,2% interanual, anticipando lo que vendrá con los proyectos de cobre.
En el otro extremo, Salta registró una caída del 8,0% interanual, la más pronunciada del mapa. La cifra refleja en parte la menor actividad de algunas operaciones de litio en el norte salteño durante el período de ajuste de precios que el mercado atravesó en 2024 y parte de 2025. Jujuy también cayó un 3,2%, en sintonía con esa dinámica. Ambas provincias cuentan, sin embargo, con proyectos en etapas avanzadas que deberían revertir esa tendencia hacia 2027.
Calidad del empleo: el argumento que el sector usa menos de lo que debería
Más allá del volumen, la minería tiene un atributo que raramente aparece en el debate público: la calidad del empleo que genera. El salario promedio del sector supera en 2,5 veces el salario promedio de la economía nacional, y el nivel de informalidad laboral es del 1,3%, frente a índices que en el conjunto de la economía argentina oscilan entre el 35% y el 40%, según la medición que se utilice.
Esos números implican que un trabajador minero formal no solo gana significativamente más que la media, sino que accede a aportes jubilatorios, obra social, ART y todos los beneficios de la formalidad laboral —algo que sigue siendo un privilegio para una fracción importante de la fuerza de trabajo argentina. En las comunidades rurales y semi-urbanas de la Puna, la Cordillera y la Patagonia, donde las opciones de empleo formal son escasas, ese diferencial es aún más pronunciado.
El efecto multiplicador: lo que no se ve en las estadísticas directas
La cifra de 39.698 empleos directos es solo la punta del iceberg. Según la CAEM, por cada puesto de trabajo directo en el sector, se generan dos empleos indirectos en la cadena de valor: proveedores de insumos, transportistas, servicios de catering, mantenimiento, construcción, logística y decenas de rubros más. Eso significa que el impacto laboral real del sector ya supera los 100.000 puestos de trabajo cuando se contempla la cadena completa.
Un proyecto minero en fase de construcción, señaló Cacciola, moviliza unas 800 empresas proveedoras. En operación, ese número se mantiene en torno a las 550. Comparativamente, Chile —que tiene una industria del cobre madura— emplea de forma directa a más de 300.000 personas en el sector, con otras 600.000 o 700.000 vinculadas de forma indirecta. 'Claro, no somos Chile, porque no producimos cobre, ni una tonelada', reconoció el titular de la CAEM. Pero eso está a punto de cambiar.
El horizonte 2027-2030: el cobre como variable de transformación
El gran interrogante del empleo minero argentino no está en los números de hoy, sino en lo que viene. Los megaproyectos de cobre aprobados bajo el RIGI —Pachón (Glencore), Los Azules (McEwen Copper), Filo del Sol y Josemaría (Vicuña/Lundin/BHP)— son desarrollos de una escala sin precedentes en la historia minera reciente del país. En su fase de construcción, cada uno de ellos demandará entre 5.000 y 10.000 trabajadores en el pico de actividad. Sumados, podrían generar decenas de miles de puestos directos solo en la etapa de obras.
Cacciola fue preciso al ubicar el punto de inflexión: 'Para 2027, el indicador de empleo directo e indirecto debería mostrar un salto apreciable'. La condición es que los proyectos superen los obstáculos que aún quedan pendientes, entre ellos la resolución judicial de la ley de modificación de la declaratoria de impacto ambiental de glaciares —aunque, llamativamente, al menos uno de los grandes proyectos ya anunció que invertirá 800 millones de dólares en 2026 sin esperar ese desenlace.
El sector también reconoce un cuello de botella que no es ni legal ni financiero: la disponibilidad de mano de obra calificada. Técnicos en operación de maquinaria pesada, electricistas industriales, operadores de plantas de procesamiento, geólogos y especialistas en medio ambiente son perfiles escasos en las provincias mineras, y formarlos lleva tiempo. '"Hay que empezar a trabajar ahora en la capacitación", advirtió Cacciola, en referencia a los procesos de formación técnica que el sector está comenzando a impulsar junto a los gobiernos provinciales.
El pedido al periodismo: cambiar el relato antes de que el boom llegue
Cacciola no se privó de formular un pedido explícito al periodismo durante el encuentro con la prensa. "Como periodistas, deberían resaltar mucho este tema. Sobre todo en los medios televisivos, hay que cambiar esta figura", dijo, apuntando a lo que considera una narrativa injusta que reduce a la minería a su impacto ambiental y omite su dimensión social y laboral.
El dirigente recurrió a una comparación inusual para ilustrar su punto: "¿Qué contrata más: un proyecto minero o una fábrica de automóviles?" La pregunta retórica busca interpelar a quienes observan con beneplácito la llegada de industrias consideradas más nobles desde el punto de vista de la imagen pública, sin medir su impacto laboral real contra el de una mina.
La disputa por el relato no es menor. En los próximos años, cuando los proyectos de cobre empiecen a construirse y a contratar personal en provincias que hoy tienen altos índices de desempleo y empleo informal, la capacidad del sector de comunicar ese impacto en tiempo real —trabajador por trabajador, empresa proveedora por empresa proveedora— será tan importante como las cifras en sí mismas. "No sirve hablar de minería global. La gente pregunta qué es para mí", sintetizó el titular de la CAEM. Y tiene razón.