En el Caribe, la interrupción del suministro de fertilizantes amenaza la producción agrícola en una región donde los precios de los alimentos ya subieron entre 55% y 60% desde 2018.
Para los países insulares del Pacífico y el Caribe, el conflicto en Oriente Medio no es un acontecimiento geopolítico lejano. Es una crisis que ya se manifiesta en cortes de electricidad, escasez de combustible y el temor de que las comunidades situadas al final de las cadenas de suministro globales enfrenten una nueva ola de inseguridad económica.
El precio del petróleo llegó a US$ 114,5 por barril como consecuencia directa del conflicto que estalló el 28 de febrero con los ataques de Estados Unidos e Israel a Irán, y que se extendió a buena parte de Oriente Medio. El estrecho de Ormuz, prácticamente bloqueado durante el último mes, concentra el 20% del comercio mundial de crudo y gas por vía marítima. Su parálisis tiene efectos en cadena sobre los costos de flete, los precios de los combustibles y las tarifas de transporte en Asia y el Pacífico.
Islas al límite: emergencias declaradas y reservas que se agotan
Desde Fiyi hasta Tuvalu, y de las Islas Marshall a las Salomón, los gobiernos del Pacífico activan medidas de contingencia. Tuvalu declaró estado de emergencia el 14 de abril. Las Islas Marshall anunciaron una emergencia económica de 90 días. Las Islas Salomón informaron que cuentan con reservas de combustible para entre 40 y 50 días. Fiyi advirtió a sus ciudadanos contra el acaparamiento, y Vanuatu alertó sobre subas inminentes en el precio de la electricidad. Palaos, Nauru y Kiribati también evalúan sus respuestas.
La situación no es abstracta: en Tuvalu, las comunidades ya sufren apagones diarios. En Fiyi, los cortes de luz afectan incluso a una de las economías mejor preparadas de la región.
"Estamos al final de la cadena de suministro. Esta crisis energética está afectando realmente a nuestras comunidades", señaló Tuya Altangerel, alta funcionaria del PNUD en el Pacífico. El funcionario advirtió que la prueba más dura puede llegar en mayo si los precios continúan escalando.
Según un análisis de la ONU, la vulnerabilidad estructural de estas islas amplifica el golpe: el transporte consume alrededor del 70% del combustible importado en la región del Pacífico, y en Tuvalu más del 90% de la energía proviene del gasoil. Para estas comunidades, lo que comienza como una perturbación en un estrecho a miles de kilómetros puede traducirse rápidamente en cortes de luz y desconexión del resto del mundo.
El Caribe: sin fertilizantes y con El Niño en el horizonte
En el Caribe, el impacto llega por otra vía: la interrupción del suministro de fertilizantes amenaza directamente los sistemas agroalimentarios de la región, con especial impacto sobre los pequeños agricultores. La situación se agrava por una probabilidad del 61% de que reaparezca el fenómeno de El Niño, que profundizaría la sequía en una zona ya muy castigada.
El Caribe es una de las regiones más dependientes de la importación de alimentos del mundo, y el costo de una dieta saludable ya es el más alto del planeta. Los precios de los alimentos acumulan una suba de entre 55% y 60% desde 2018, y los huracanes Beryl (2024) y Melissa (2025) erosionaron aún más la capacidad de recuperación de los hogares.
Sin respuestas coordinadas, el Caribe enfrenta el riesgo de que una guerra que comenzó a miles de kilómetros de distancia termine por afectar la mesa de sus familias más vulnerables.