El director ejecutivo de la Agencia Internacional de Energía (AIE), Fatih Birol, ha lanzado una advertencia que ha sacudido los cimientos de los mercados globales. Según el organismo, la actual crisis energética, exacerbada por los recientes conflictos geopolíticos, es "más profunda, más compleja y más peligrosa" que las crisis de 1973, 1979 y 2022 combinadas.
A diferencia de los choques petroleros de los años 70, que se centraron principalmente en el crudo, la crisis de 2026 afecta simultáneamente al petróleo, el gas natural, la electricidad y los minerales críticos. "No estamos ante un simple problema de precios; estamos ante una reconfiguración forzada de todo el sistema energético mundial", afirmó Birol durante la presentación del informe al diario francés Le Figaro.
Los factores que convergen en esta "tormenta perfecta" incluyen una fractura Geopolítica donde la ruptura definitiva de los lazos energéticos con proveedores tradicionales tras el conflicto en Irán y las tensiones en Eurasia; El encarecimiento del azufre y otros químicos esenciales para la minería, que dificulta la transición energética y la escasez de Minerales Críticos: Una demanda de cobre, litio y níquel que supera ampliamente la capacidad de extracción actual, elevando los costos de la tecnología limpia.
Birol recuerda que es la mayor liberación de reservas de la historia de la organización (que se creó tras la crisis de 1973), que supone un 20 % de las que disponen los países y que el resto se utilizará "si es necesario, pero espero que no lo será".
El director de la AIE detalla que con la guerra en Oriente Medio han resultado dañadas por los ataques 75 infraestructuras energéticas y "más de un tercio" están "gravemente o muy gravemente afectadas" y volverlas a poner en marcha costará "mucho tiempo".
Ante esas circunstancias, anticipa que "la arquitectura del sistema energético mundial va a cambiar", algo que costará "años", pero al final "la geopolítica de la energía se transformará profundamente".
De esa transformación, subraya que las renovables, la solar y la eólica, que permiten una rápida instalación, van a progresar de forma mucho más acelerada, "en una escala de unos meses", un fenómeno que ya se dio con la invasión rusa de Ucrania.
Además, "la vida de las centrales nucleares existentes se prolongará, de ahí sacaremos capacidades adicionales".
Y también prevé que, como en los años 1970, la industria automovilística se va a transformar, con un desarrollo mucho más rápido de los coches eléctricos, en particular en Asia, donde la demanda de petróleo es más fuerte.
Su recomendación para los países es, en primer lugar, "utilizar la energía de la forma más prudente posible, ahorrando y mejorando su eficacia. Luego, hay que seguir apoyando el crecimiento de las renovables y desarrollar importaciones de diferentes socios comerciales".
La advertencia de la AIE marca un punto de no retorno. La industria energética y minera mundial entra en una fase de economía de guerra, donde la resiliencia y la autonomía estratégica serán los únicos activos capaces de garantizar la estabilidad económica en la próxima década.