Un reciente informe de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo advierte que la escalada militar en el Estrecho de Ormuz —uno de los puntos neurálgicos del comercio mundial— está generando fuertes disrupciones en los flujos marítimos, con impacto directo en los mercados energéticos, el transporte y las cadenas globales de suministro.
Según el reporte, por este corredor estratégico circula cerca de una cuarta parte del comercio marítimo mundial de petróleo, además de importantes volúmenes de gas natural licuado y fertilizantes. Sin embargo, el tránsito de buques se redujo drásticamente en las últimas semanas, con una caída cercana al 97%, lo que encendió alertas sobre el abastecimiento energético global.

El impacto en los mercados fue inmediato. El precio del crudo Brent superó los 90 dólares por barril, mientras que el gas natural registró fuertes subas, reflejando la sensibilidad del sistema energético ante interrupciones en este tipo de rutas críticas.
La situación golpea especialmente a Asia, principal destino de los hidrocarburos que atraviesan el estrecho, y amenaza con trasladar sus efectos a otras regiones a través del encarecimiento del transporte y los insumos productivos. En este contexto, los costos logísticos también se dispararon: las tarifas de fletes, el combustible marítimo y las primas de seguros por riesgo de guerra registraron incrementos significativos en pocos días.

El informe advierte además sobre un efecto en cadena sobre los precios de los alimentos. Históricamente, el encarecimiento del petróleo y el gas se traslada a los fertilizantes y, posteriormente, a los alimentos, lo que podría intensificar las presiones inflacionarias a nivel global.

En particular, los países en desarrollo aparecen como los más vulnerables. Muchas de estas economías dependen de importaciones de energía y fertilizantes provenientes del Golfo Pérsico, al tiempo que enfrentan altos niveles de endeudamiento y menor margen fiscal para absorber nuevos shocks de precios.
El organismo internacional remarca que el impacto final dependerá de la duración y la intensidad del conflicto, pero subraya la necesidad de monitoreo constante y de medidas que garanticen la seguridad de las rutas marítimas y la estabilidad del comercio global.

En este escenario, la crisis en el Estrecho de Ormuz vuelve a poner en evidencia la fragilidad de los “cuellos de botella” del comercio internacional y su capacidad de amplificar tensiones geopolíticas hacia toda la economía mundial.