La Agencia Internacional de Energía (IEA) alertó que las cadenas de suministro de tecnologías energéticas clave presentan vulnerabilidades estructurales que podrían afectar tanto la seguridad energética como la estabilidad económica global, en un contexto de fuerte crecimiento de la demanda.
El diagnóstico surge del informe Energy Technology Perspectives 2026, donde el organismo advierte que muchas de las cadenas de suministro vinculadas a tecnologías como baterías, vehículos eléctricos o energías renovables tienen al menos un “eslabón débil” que puede comprometer su funcionamiento ante interrupciones.
Según el análisis, estas cadenas están altamente concentradas en pocos países —con China como actor dominante— y esa dependencia incrementa los riesgos ante eventuales disrupciones comerciales, políticas o logísticas.
Por primera vez, la IEA aplicó un análisis de seguridad tipo “N-1”, que evalúa qué ocurriría si el principal proveedor global de una tecnología quedara fuera del mercado.
Los resultados muestran que, aunque la producción en otros países podría cubrir parte de la demanda final, en todos los casos existe al menos una etapa crítica donde menos del 25% de la demanda podría satisfacerse sin el principal productor.
Esto implica que una interrupción puntual —en minería, procesamiento o manufactura— puede afectar a toda la cadena y generar impactos en cascada a nivel global.
El informe también dimensiona las consecuencias económicas de estas vulnerabilidades.
Un corte de un mes en las exportaciones de la cadena de suministro de baterías desde China, por ejemplo, podría reducir la producción global de vehículos eléctricos en unos US$ 17.000 millones, con fuerte impacto en Europa.
En el caso de la energía solar, una interrupción similar podría afectar la producción de módulos fotovoltaicos fuera de China en alrededor de US$ 1.000 millones mensuales.
Un mercado en expansión acelerada
El informe destaca que estas tecnologías ya no son nichos, sino que forman parte central de la economía global.
Actualmente, el mercado de tecnologías energéticas clave ronda los US$ 1,2 billones y podría crecer hasta los US$ 2 billones en 2035, e incluso acercarse a los US$ 3 billones bajo escenarios de mayor ambición climática.
Este crecimiento, impulsado por la electrificación y la transición energética, refuerza la necesidad de contar con cadenas de suministro más robustas y diversificadas.
Diversificación y competitividad, las claves
Frente a este escenario, la IEA subraya que fortalecer la resiliencia de las cadenas de suministro requiere avanzar en diversificación geográfica, desarrollo industrial y cooperación internacional.
Sin embargo, advierte que existe un delicado equilibrio entre seguridad y costos: depender de proveedores más baratos puede aumentar la vulnerabilidad, mientras que desarrollar producción local puede implicar mayores inversiones. (IEA)
En ese marco, el organismo plantea que los países deberán definir estrategias industriales selectivas, apoyarse en alianzas internacionales y apostar por la innovación para reducir riesgos y mejorar su competitividad.
Una nueva dimensión de la seguridad energética
La IEA concluye que, en la llamada “era de la electrificación”, la seguridad energética ya no depende únicamente del acceso a combustibles, sino también de la disponibilidad de minerales, componentes y tecnologías.
Así, garantizar cadenas de suministro resilientes se vuelve un factor central no solo para sostener la transición energética, sino también para evitar impactos económicos en un mercado global cada vez más interdependiente.