Los mercados financieros internacionales arrancaron la semana con fuertes caídas después de que el precio del petróleo superara los 100 dólares por barril, impulsado por la escalada del conflicto en Oriente Próximo. La suba del crudo generó temores sobre la inflación global, el crecimiento económico y el impacto en los países más dependientes de las importaciones energéticas.
En Asia, el golpe fue especialmente fuerte. El índice japonés Nikkei 225 se desplomó alrededor de un 5,2%, arrastrado por la debilidad del sector tecnológico y la preocupación por el encarecimiento de la energía. Japón es uno de los mayores importadores de petróleo del mundo, por lo que el alza del crudo golpea directamente las expectativas económicas del país.
El retroceso no se limitó a Japón. Las principales bolsas del sudeste asiático también registraron caídas significativas: el Kospi de Corea del Sur llegó a caer cerca de 6%, mientras que el Hang Seng de Hong Kong y el índice Straits Times de Singapur perdieron alrededor de 3%. La fuerte dependencia energética de la región amplificó el impacto del repunte del petróleo sobre los mercados bursátiles.
En Europa, la tendencia negativa se replicó durante la apertura de los mercados. El índice DAX de Fráncfort cayó alrededor de 2,5%, mientras que el Ibex 35 español inició la jornada con una baja cercana al 3%, presionado por el salto del precio del crudo y el deterioro del clima de inversión global.
El aumento del petróleo también golpeó al mercado de deuda. Los bonos del gobierno británico (gilts) registraron caídas ante el temor de que el encarecimiento de la energía vuelva a alimentar presiones inflacionarias, lo que podría obligar a los bancos centrales a mantener tasas de interés más altas durante más tiempo.
El detonante de esta volatilidad fue la escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán, que ha puesto en riesgo el suministro energético global. Los ataques a infraestructuras petroleras y las tensiones en el estrecho de Ormuz —por donde circula cerca del 20% del petróleo mundial— llevaron al Brent a superar los 100 dólares y acercarse incluso a los 120 dólares, niveles no vistos desde 2022.
Ante este escenario, los inversores redujeron su exposición a activos de riesgo y se refugiaron en activos considerados más seguros, como el dólar y la deuda a corto plazo. Analistas advierten que, si el conflicto se prolonga, el encarecimiento de la energía podría acelerar la inflación global y deteriorar aún más las perspectivas de crecimiento.
De momento, el foco de los mercados seguirá puesto en la evolución del conflicto en Oriente Próximo y en cualquier señal de intervención de gobiernos o del G7 para estabilizar el mercado energético y evitar un shock más profundo en la economía mundial.