La petrolera estatal brasileña Petrobras intensifica sus esfuerzos de exploración de petróleo y gas natural en la región que rodea a la cuenca de la Amazonia, especialmente en el área marina conocida como Foz do Amazonas, consolidando uno de los proyectos más ambiciosos y controvertidos del sector energético brasileño para 2026.
La compañía obtuvo en 2025 una licencia ambiental clave de la agencia reguladora brasileña Ibama para comenzar trabajos de prospección en la cuenca del Foz do Amazonas —una zona marina profunda considerada una nueva frontera petrolera para Brasil— y el equipo de perforación ya inició actividades exploratorias que podrían demandar al menos cinco meses para completar un pozo inicial en aguas profundas.
Petrobras describe este proyecto como esencial para su estrategia a largo plazo, dado que la región del Margen Ecuatorial —ubicada aproximadamente a 500 km de la desembocadura del río Amazonas y 175 km de la costa del estado de Amapá— comparte características geológicas con zonas cercanas donde se han descubierto importantes reservas de crudo, como en Guyana.
Según declaraciones de la propia empresa, si los trabajos exploratorios confirman la presencia de reservas comerciales suficientes, la producción en esta área podría comenzar en **siete a ocho años», permitiendo a Petrobras compensar la disminución de producción en yacimientos maduros de aguas profundas y sostener su peso en el mercado energético global.
A diferencia de sus tradicionales cuencas petroleras, la perforación en el Foz do Amazonas representa un desafío técnico de gran complejidad: la primera perforación exploratoria está programada para alcanzar unos 7.000 metros, atravesando columnas rocosas en un lecho marino a más de 2.800 metros de profundidad.
No obstante, el avance del plan petrolero ha generado un amplio debate en Brasil y entre comunidades ambientalistas internacionales. Críticos señalan que abrir nuevas fronteras de exploración petrolera en el entorno de la Amazonia —un ecosistema extremadamente rico en biodiversidad y con zonas de arrecifes, manglares y hábitats de especies vulnerables— puede tener graves impactos ambientales, especialmente si ocurrieran derrames de hidrocarburos en una región de alta sensibilidad ecológica.
Organizaciones como el Instituto de Pesquisa Ambiental da Amazônia (IPAM) han exigido que cualquier decisión de exploración petrolera en esta zona se tome con un debate público amplio y transparente, que considere los compromisos de Brasil en la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero y la protección de bosques tropicales, temas especialmente relevantes con miras a la cumbre climática COP30 a realizarse en la Amazonia.
El avance de Petrobras en la Amazonia ocurre en un momento en que el mundo debate la transición energética y la reducción de la dependencia de combustibles fósiles, aunque Brasil —gracias a su matriz energética con fuerte componente renovable— sigue siendo uno de los principales productores de petróleo en América Latina.
La estrategia de la compañía también incluye programas paralelos en otras áreas productivas, como alianzas para la compra de créditos de carbono que promueven la restauración forestal en la región amazónica, en conjunto con el banco de desarrollo brasileño BNDES.
Para 2026, Petrobras proyecta que los resultados de la exploración en la cuenca del Foz do Amazonas marcarán el rumbo de su portafolio de exploración y producción, con potencial para redefinir el mapa energético de Brasil y de la región sudamericana en caso de confirmar descubrimientos significativos de hidrocarburos.