Bolivia posee una de las mayores reservas de litio del mundo, estimadas en alrededor de 23 millones
El presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, afirmó este lunes que su país debe desarrollar una nueva ley específica del litio con “reglas claras” para atraer inversiones privadas y resguardar los intereses nacionales, en un intento por capitalizar las vastas reservas de este mineral estratégico.
En un acto público en Potosí, región andina donde se ubica el Salar de Uyuni —el mayor depósito de litio del país— Paz destacó que Bolivia necesita abrir el sector de recursos evaporíticos —como el litio— a inversores transparentes y bajo condiciones claras, tras denunciar contratos cuestionados durante la administración anterior que, según él, no fueron suficientemente conocidos ni debatidos.
“Tenemos que desarrollar una nueva ley de evaporíticos, o sea del litio, pero también desarrollar nuestra capacidad en químicas básicas… con reglas claras”, señaló Paz, enfatizando la importancia de construir valor agregado dentro de Bolivia y no exportar solo materia prima.
Paz también advirtió sobre los efectos de las protestas sociales, como los bloqueos de carreteras, que suelen afectar la logística y pueden ahuyentar inversiones, y afirmó que su gobierno busca contratos transparentes que permitan el desarrollo sostenible de la actividad
Bolivia posee una de las mayores reservas de litio del mundo, estimadas en alrededor de 23 millones de toneladas métricas, concentradas principalmente en el Salar de Uyuni —una extensión de salares altoandinos de enorme riqueza subterránea.
Este volumen sitúa al país como uno de los líderes globales en recursos litíferos, dentro del denominado Triángulo del Litio —junto con Argentina y Chile— que concentra una parte significativa de los recursos mundiales de este metal clave para la transición energética.
A pesar de su enorme potencial, Bolivia produce muy poco litio en comparación con sus vecinos: actualmente el país genera una fracción mínima de lo que produce Chile o Argentina, debido a limitaciones tecnológicas, falta de infraestructura, vacíos normativos y retos ambientales y sociales vinculados a la extracción.
Por ejemplo, aunque Bolivia inició la producción industrial en plantas estatales —con capacidades anunciadas para decenas de miles de toneladas anuales de carbonato de litio— la producción real ha sido modesta y enfrenta dificultades técnicas y de eficiencia.
A nivel global, la demanda de litio crece con fuerza debido al auge de las baterías para vehículos eléctricos y el almacenamiento de energía renovable, sectores donde este metal es insustituible en la actualidad.
Analistas estiman que si Bolivia logra desarrollar plenamente su sector litífero, podría generar ingresos sustanciales por exportaciones, además de atraer proyectos de industrialización y creación de valor agregado —como procesamiento químico y producción de componentes para baterías— que transformen profundamente su matriz productiva.
Sin embargo, convertir el enorme potencial litífero en producción estable y competitiva requiere resolver desafíos regulatorios, tecnológicos y sociales, incluida la armonización con las comunidades locales y la protección de ecosistemas sensibles.