En una iniciativa que marca un nuevo impulso para el sector nuclear argentino, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) anunció avances concretos en la recuperación y futura operación de la histórica Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP), ubicada en Arroyito, provincia de Neuquén.
El presidente de la CNEA, Martín Porro, junto con el secretario de Asuntos Nucleares, Federico Ramos Napoli, recorrieron las instalaciones de la PIAP y definieron acciones orientadas a su recuperación integral, que incluyen la toma directa de las tareas de mantenimiento por parte del organismo con personal propio y el lanzamiento de un proceso licitatorio abierto y transparente para modernizar y poner en marcha la planta.
Inaugurada en 1993, la PIAP fue en su tiempo una de las plantas de agua pesada más importantes del mundo, con capacidad para producir hasta 200 toneladas anuales de este insumo clave. Sin embargo, la falta de inversiones sostenidas y de un plan productivo concreto llevó a su parálisis en 2017. Durante los ocho años fuera de operación, la planta demandó costos de conservación elevados sin generar ingresos.
El agua pesada —un tipo de agua en la que el hidrógeno ha sido reemplazado por deuterio— es un insumo esencial para la operación de reactores nucleares como los de las centrales Atucha I, Atucha II y Embalse, donde actúa como moderador y refrigerante.
El plan actual contempla dos ejes principales:
Mantenimiento preventivo inmediato: Asumido directamente por la CNEA para evitar el deterioro irreversible de activos críticos, conocido como “punto de no retorno”.
Proceso de modernización (revamping): La licitación convocará a empresas nacionales e internacionales para ejecutar la modernización tecnológica y operativa de la planta, con el objetivo de retomar la producción de agua pesada y posicionarla nuevamente en el mercado.
Este tipo de licitación, según analistas, podría incluso atraer inversiones privadas o asociaciones público-privadas para asegurar la sustentabilidad económica del complejo.
La reactivación de la PIAP no solo apunta a abastecer el consumo interno de las centrales nucleares argentinas, sino también a posicionar al país como proveedor de agua pesada en mercados globales que actualmente muestran demanda de este producto.
En los últimos años, firmas extranjeras —como la canadiense Candu Energy— han mostrado interés en las instalaciones neuquinas, evaluando posibles acuerdos comerciales para futuros suministros de agua pesada y cooperación tecnológica.
El plan también tiene una dimensión productiva y política importante para Neuquén: la planta es operada por la Empresa Neuquina de Servicios de Ingeniería (ENSI), una sociedad estatal con mayoría accionaria provincial, lo que convierte al proyecto en un motor potencial de empleo especializado, desarrollo tecnológico y agregación de valor en la región.
“El objetivo es reactivar cuanto antes la PIAP y aprovechar su potencial para el país y para Neuquén”, afirmó uno de los dirigentes provinciales presentes en las reuniones, destacando el compromiso conjunto entre la CNEA y el gobierno local.
Pese al avance del plan y el interés internacional, los expertos señalan que el proceso de reactivación es complejo: requiere financiamiento, modernización tecnológica y un plan de negocios sólido para asegurar la viabilidad a largo plazo y maximizar las oportunidades de exportación.
No obstante, con pasos firmes como la continuidad del mantenimiento y la apertura de la licitación, Argentina se encamina a recuperar un activo industrial y científico de relevancia estratégica, que podría consolidar su presencia en la industria nuclear global.