La empresa estatal Petroperú enfrenta una de sus etapas más críticas de los últimos años, marcada por pérdidas financieras, tensiones internas y la búsqueda de un rumbo estable en medio de una profunda crisis operativa y de gobernanza.
Los estados financieros auditados al cierre del ejercicio 2024 reflejan una situación delicada: Petroperú registró pérdidas netas superiores a los US$ 770 millones, una cifra que aunque menor que en 2023, sigue poniendo en duda su capacidad de operar sin apoyo externo. La auditoría, realizada por una firma independiente, advirtió sobre una “incertidumbre material” respecto a la continuidad operativa de la empresa, debido a su débil capital de trabajo y al elevado endeudamiento del último período.
Además, según cifras oficiales, entre 2024 y 2025 las pérdidas acumuladas superan los US$1 890 millones, lo que profundiza la necesidad de ajustes estructurales.
Sin nuevos rescates, enfoque en reestructuración
Frente a este panorama, el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) ha señalado que no se destinarán más recursos públicos para rescatar a la compañía, sino que el Gobierno apuesta por una restructuración interna con el objetivo de mejorar la eficiencia operativa y reducir costos. Las autoridades han mencionado posibles reducciones de personal y cambios en la gestión como parte de ese proceso.
La ministra de Economía ha señalado también la falta de información financiera oportuna de parte de la gerencia de Petroperú, lo que ha complicado el análisis de su situación real.
La empresa ha sufrido una marcada inestabilidad en su alta dirección: desde 2021 ha tenido múltiples cambios en la presidencia de su directorio, con una duración promedio de solo unos meses por gestión, lo que ha impactado en la continuidad de estrategias y en la toma de decisiones.
Recientemente, la destitución fulminante de su presidente desató protestas de sindicatos y acusaciones de interferencia política, además de una demanda por deudas laborales que ascienden a varios millones de soles, lo que pone de manifiesto la tensión social interna que vive la compañía.
Desafíos operativos y mercado
En el plano operativo, Petroperú ha tenido pérdidas en trimestres recientes, aunque con algunos indicadores mixtos dentro de 2025. En el primer trimestre de ese año, por ejemplo, reportó pérdidas por US$111 millones, aunque con variaciones mensuales y un EBITDA positivo en algunos meses.
Paralelamente, la estatal ha buscado socios para reactivar bloques petroleros clave, especialmente en la Amazonía peruana, manteniendo negociaciones con varias empresas internacionales para revitalizar la producción en zonas como el Lote 192.
En un intento por ampliar su alcance, Petroperú también ha explorado acuerdos con su contraparte de Ecuador para conectar oleoductos y reducir costos de transporte, una iniciativa que podría ofrecer beneficios operativos y mayor integración energética regional si llega a concretarse.
Perspectivas y retos por delante
El cierre de 2025 se proyecta con desafíos financieros persistentes, aunque con algunos avances en reducción de pérdidas en comparación con años previos. Sin embargo, el futuro inmediato de Petroperú depende en gran medida de la capacidad de implementar una reestructuración efectiva, mejorar su gobernanza e incrementar su productividad en un mercado altamente competitivo.
En un contexto donde el Estado no prevé más inyecciones de fondos extraordinarios, la estatal petrolera enfrenta una encrucijada: transformarse para sobrevivir o seguir siendo una carga financiera significativa para las arcas públicas.