El sector de petróleo y gas de América Latina atravesaría el ciclo electoral de 2026 sin sobresaltos significativos, apoyado en fundamentos sólidos en Brasil y una mejora sostenida del marco económico en Argentina, según el análisis de Fitch Ratings. Así lo afirmó Erick Pastrana, director de la calificadora, en una entrevista con BNamericas, donde evaluó los riesgos políticos, regulatorios y financieros que enfrentará la industria en los próximos años.
De acuerdo con Fitch, si bien Colombia y Perú concentran la mayor incertidumbre política, el impacto regional sería acotado y no alteraría de forma estructural las perspectivas del sector.
En Colombia, donde 2026 será año electoral, Fitch advierte que una eventual continuidad del actual oficialismo podría elevar los riesgos país y regulatorios, afectando especialmente a los operadores independientes y profundizando el deterioro crediticio de Ecopetrol. En contraste, un triunfo opositor podría restablecer una agenda más favorable a la industria, clave para la economía local.
Brasil también irá a las urnas, aunque con un panorama distinto. Fitch considera que el sector brasileño está bien posicionado para sostener un crecimiento moderado, independientemente del resultado electoral. El respaldo histórico tanto del oficialismo como de la oposición, sumado a una regulación estable y a la fortaleza geológica del presal, permitirían amortiguar eventuales tensiones políticas. No obstante, el contexto de tasas de interés más altas podría ralentizar el ritmo de expansión del capex.
La calificadora destacó la recuperación de la economía argentina bajo la administración promercado del presidente Javier Milei, que tuvo un impacto directo en el sector energético. Medidas como el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y la flexibilización del cepo cambiario impulsaron la producción de hidrocarburos y mejoraron las perspectivas de inversión.
Fitch no prevé cambios regulatorios relevantes en 2026-2027 y considera que el marco económico y legal estabilizado continúa atrayendo capital hacia Vaca Muerta, pese a la elevada prima de riesgo país. La nueva infraestructura midstream y las economías de escala permitirían sostener la rentabilidad aun en un escenario de precios más bajos.
En México, el sector sigue condicionado por la falta de inversión y los riesgos de ejecución de políticas. Fitch señaló que el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum ha manifestado respaldo al sector y a Pemex, aunque los cambios regulatorios de 2024 y 2025 serán decisivos. La gestión de los vencimientos de deuda y una eventual mayor apertura del upstream a privados marcarán el interés inversor.
Según Fitch, el costo regional promedio de ciclo completo fue de US$50 por barril en 2024. Brasil mantiene ventajas competitivas gracias a sinergias operativas, mientras que Argentina podría reducir su base de costos a medida que avance la infraestructura. En Vaca Muerta, las fusiones y adquisiciones continuarían hasta 2026, aunque podrían desacelerarse una vez finalizados los principales desarrollos.
Desde el punto de vista financiero, Fitch espera una expansión moderada del gasto de capital, liderada por Brasil y Argentina. La liquidez se mantiene adecuada en la mayoría de los emisores, aunque la caída de precios podría tensionar los flujos de caja en 2025. La calificadora destacó que varias compañías extendieron vencimientos por más de US$3.000 millones más allá de 2029, especialmente en Argentina.
En materia de diversificación, las petroleras nacionales —como Petrobras, Pemex y Ecopetrol— cuentan con ventajas estructurales frente a empresas más pequeñas y concentradas en upstream. En el caso argentino, YPF mantiene diversificación operativa, aunque su perfil crediticio continúa condicionado por la vinculación con la deuda soberana.
Fitch concluye que, pese a un entorno financiero global más exigente y a la volatilidad política en algunos países, la mayoría de las empresas latinoamericanas de petróleo y gas cuentan con estructuras de capital lo suficientemente sólidas como para atravesar un escenario de precios más bajos hacia 2026, con perspectivas de calificación mayormente estables en la región.