El debate sobre el futuro del petróleo y el gas natural tiende a centrarse en las perspectivas de la demanda, prestando mucha menos atención a la posible evolución de la oferta. Esta asimetría es errónea, y comprender a fondo el ritmo de disminución de la producción de los yacimientos de petróleo y gas existentes es más importante que nunca. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) lleva mucho tiempo examinando esta cuestión. Las tasas de disminución —la tasa anual de disminución de la producción de un yacimiento de petróleo o gas existente— fundamentan nuestro análisis de los equilibrios del mercado y las necesidades de inversión en todos los escenarios.
Desde 2019, casi el 90% de la inversión anual en exploración y producción de petróleo y gas se ha dedicado a compensar las caídas de la producción, en lugar de a satisfacer el crecimiento de la demanda. Se prevé que la inversión en 2025 sea de aproximadamente US$ 570 000 millones y, de mantenerse, un crecimiento moderado de la producción podría continuar en el futuro. Sin embargo, una caída relativamente pequeña en la inversión en exploración y producción puede marcar la diferencia entre el crecimiento de la oferta de petróleo y gas y una producción estática. Al mismo tiempo, se requiere menos inversión en un escenario de contracción de la demanda.
La conversación global sobre la transición energética y el futuro de los hidrocarburos está fundamentalmente equivocada al sobreestimar los factores de demanda y subestimar la velocidad a la que la oferta se agota. Esta es la principal advertencia de un informe reciente de la Agencia Internacional de Energía (AIE), que subraya la necesidad de comprender las tasas de declive de los yacimientos existentes.
El análisis de la AIE, basado en el historial de producción de unos 15.000 campos, sostiene que la tasa de declive anual observada post-pico es del 5.6% para el petróleo convencional y del 6.8% para el gas natural convencional.
El factor inversión: mantener la producción es la batalla real
El informe revela que, desde 2019, casi el 90% de la inversión anual en exploración y producción (E&P) se ha dedicado simplemente a compensar estas caídas naturales, no a satisfacer el crecimiento de la demanda.
Según las proyecciones, la inversión en E&P en 2025 será de aproximadamente US$ 570.000 millones. Sin embargo, la AIE advierte que incluso una pequeña contracción en este flujo de capital puede ser la diferencia entre un crecimiento moderado de la oferta y una producción estancada o en retroceso.
El dramático escenario sin inversión
Para ilustrar la urgencia del declive natural, la AIE plantea un escenario contundente: "Si cesara inmediatamente toda la inversión de capital en las fuentes existentes de producción, la producción mundial de petróleo caería un 8% anual en promedio durante la próxima década."
Esto se traduciría en una pérdida de alrededor de 5.5 millones de barriles por día (mb/d) cada año. En gas natural, la caída sería del 9% anual, equivalente a la producción total actual de toda África.
El cambio geológico: El auge del esquisto acentúa el declive
Las tasas de declive natural se están acelerando, un fenómeno que la AIE atribuye al cambio en la composición de la oferta global. La dependencia del petróleo y gas de esquisto (no convencional) ha aumentado drásticamente, pasando el petróleo convencional del 97% de la producción en 2000 al 77% en 2024.
El problema es que las fuentes no convencionales tienen tasas de declive mucho más rápidas: Sin inversión en esquisto: La producción caería más del 35% en 12 meses y otro 15% en el año siguiente.
Implicaciones para la seguridad energética y concentración de poder
El declive natural no solo amenaza la estabilidad del suministro, sino que también tiene profundas implicaciones geopolíticas. Bajo este escenario:
La oferta se concentraría mucho más en un pequeño número de países, principalmente Medio Oriente y Rusia, que albergan yacimientos convencionales supergigantes de lento declive (promedio de 1.8% anual).
Las economías avanzadas, que dependen fuertemente del esquisto, enfrentarían descensos mucho más rápidos, con una caída del 65% en su producción durante la próxima década si la inversión se detuviera.
El desafío de la estabilidad: 45 mb/d de nueva producción para 2050
Para mantener los niveles actuales de producción hasta 2050, el mundo requeriría más de 45 mb/d de petróleo y alrededor de 2.000 bcm de gas natural provenientes de nuevos yacimientos convencionales.
Esto obliga a la industria a intensificar la exploración y aprobación de nuevos proyectos. Actualmente, poner en marcha nuevos proyectos convencionales lleva, en promedio, casi 20 años desde la licencia inicial hasta el inicio de la producción.
La AIE concluye que la interacción entre la inversión, la economía y la regulación determinará la resiliencia del suministro y la estabilidad del mercado, urgiendo a los gobiernos a modelar sus estrategias energéticas con una comprensión clara de la rapidez con la que se agota la oferta.