Argentina se posiciona en el umbral de una oportunidad histórica. Un reciente informe de la fundación Fundar, elaborado por Elisabeth Möhle y Ana Julia Aneise, destaca el potencial del país para convertirse en un actor clave en la producción a gran escala de hidrógeno de bajas emisiones, un vector energético fundamental para la descarbonización global. El estudio no solo resalta la capacidad de Argentina para autoabastecerse, sino también para exportar este recurso y generar nuevas industrias a nivel local.
El documento identifica tres factores principales que hacen de Argentina un candidato ideal para este desarrollo: sus óptimas condiciones geográficas, una trayectoria productiva consolidada y un sistema de ciencia y tecnología con experiencia en la materia.
Condiciones óptimas: el recurso y la base productiva
Argentina cuenta con un recurso eólico de "excelente calidad", especialmente en la Patagonia, una región que combina vientos potentes con baja densidad poblacional y cercanía a puertos. Este escenario es ideal para la producción de hidrógeno verde, que se genera a partir de fuentes renovables. Además, el país posee la segunda reserva de gas no convencional más grande del mundo en Vaca Muerta, lo que le da una ventaja estratégica para la producción de hidrógeno azul (obtenido a partir de gas natural con tecnologías de captura de carbono).
El informe también subraya que el país no parte de cero. Argentina ya produce unas 0.4 Mt de hidrógeno gris al año para consumo interno, utilizado en sectores clave como la producción de fertilizantes, la refinación de combustibles y la industria química. Esta base industrial y el conocimiento técnico existente son una plataforma sólida para una "inserción inteligente" en la cadena de valor global. A esto se suma la vasta experiencia del sistema de ciencia y tecnología local, con iniciativas de investigación y desarrollo (I+D) que se remontan a más de dos décadas.
Los desafíos en el camino: un marco institucional frágil
A pesar de sus fortalezas, el informe de Fundar advierte sobre dos desafíos cruciales que limitan el despegue del sector. El primero es el alto costo de capital, una barrera estructural ligada al riesgo país. La inestabilidad macroeconómica y las restricciones a los flujos de capital hacen que el financiamiento de proyectos a largo plazo sea mucho más costoso que en otros países de la región, lo que compromete la competitividad.
El segundo, y quizá el más crítico, es la falta de una política integral y sostenida. Si bien el país cuenta con antecedentes como la Ley N° 26.123 de 2006 —que nunca fue reglamentada—, los intentos por establecer un marco normativo claro han sido erráticos. A diferencia de países como Chile o Colombia, la ausencia de una ley específica y una estrategia de largo plazo ha impedido generar la certidumbre que los inversores necesitan para comprometerse con proyectos de gran envergadura.
El futuro depende de una ley
El informe concluye que, si bien las condiciones estructurales de Argentina son inmejorables, el principal obstáculo es institucional. La sanción de una ley de hidrógeno específica y consensuada se presenta como un punto de inflexión clave. Una legislación sólida podría no solo atraer inversiones y financiamiento, sino también alinear los incentivos y fortalecer la coordinación entre el sector público y privado, elementos esenciales para que el país pueda finalmente capitalizar su potencial y ser un líder en la economía del hidrógeno a nivel global.