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Biden vs. Trump: Estados Unidos elije su futuro energético
ENERNEWS/PyM

Joe Biden, se muestra como un promotor de la agenda “verde” mientras que Trump descree del cambio climático

27/09/2020

MARTÍN BRONSTEIN*

Uno de los hechos que marcarán el futuro del mercado energético a nivel global por los próximos años son las elecciones presidenciales de EE. UU que concluirán el segundo martes de noviembre. Trump y Biden tienen posturas contrapuestas respecto a la política energética, por lo que el resultado tendrá implicancias directas y será decisivo respecto a la transición energética, la geopolítica de la energía, el comercio mundial y el posicionamiento de Estados Unidos respecto al cambio climático. 

A lo largo de la historia, las elecciones entre Demócratas y Republicanos se debatían en torno a una agenda donde sobresalían temas como las relaciones exteriores, el rol de EE.UU. como potencia mundial, la relación con China y  cuestiones militares relativas a su posicionamiento como gendarme del mundo. En cuestiones internas, las diferencias se daban respecto a la inmigración, el acceso a la salud, la generación de empleo y cuestiones impositivas. Esta será la primera vez en donde el debate entre ambos candidatos a presidente esté centralizado en la cuestión energética.

El candidato demócrata, Joe Biden, se muestra como un promotor de la agenda “verde”. Toda su plataforma política se encuentra atravesada por la cuestión climática y está orientada a acelerar la transición energética hacia las llamadas energías renovables, reducir las emisiones de carbono y alcanzar el objetivo de emisiones netas cero en 2050. Por su parte, el presidente Donald Trump, descree del cambio climático y refuerza su apoyo a la industria petrolera como garante de la independencia energética y la seguridad nacional.

En los cuatro años de su mandato, Trump ha promocionado el desarrollo de los hidrocarburos y lo ha convertido en un factor principal de la independencia energética de EE.UU. y de su proyecto económico. Trump considera que la industria del petróleo, gas y carbón es la que ha hecho grande a esa nación y su discurso de “America First” busca reafirmar esa centralidad. Recordemos que el primer pozo petrolero se perforó en EE.UU. en 1859 en Pensilvania y desde entonces ha sido el mayor productor de crudo y quien moldeó la industria petrolera mundial durante la mayor parte del siglo XX hasta el surgimiento de la OPEP en 1960. Para Trump, la industria de la energía fósil es clave para asegurar el abastecimiento energético y generar millones de puestos de trabajo.

Trump interpela a sus seguidores al afirmar que “los trabajadores de la energía de EE.UU. deberían preguntarse: ¿qué haría Joe Biden para luchar por ellos? Después de todo, Biden se ha comprometido abiertamente a sacrificar trabajos de energía y prohibir los combustibles fósiles en pos de su agenda ambiental extrema.”

Debido a las acusaciones de Trump, Biden ha tenido que salir abiertamente a aclarar que no tiene pensado prohibir el fracking, a pesar que su candidata a vicepresidenta, Kamali Harris ha denunciado como fiscal a muchas empresas petroleras. “No prohibiré el fracking…no importa cuántas veces Donald Trump mienta sobre mí, déjenme aclararlo de nuevo: no voy a prohibir el fracking”. El desarrollo del shale, recursos que utilizan fracking como método de extracción, le ha permitido a EE.UU. pasar de una producción de 5,5 millones de barriles por día en 2006 a casi 13 millones a fines del año pasado.

El pasado 8 de agosto, el Gobierno estadounidense dio un nuevo paso de un proceso administrativo que facilitará el “fracking” en tierras federales del estado de California y que podría abrir más de 6.400 kilómetros cuadrados a esa práctica. Esto constituye un caso más sobre la gran cantidad de permisos de exploración y explotación petrolera que ha otorgado el gobierno de Trump en estos cuatro años en tierras federales. Uno de los casos más emblemáticos de esta postura refiere a los permisos de exploración en el Refugio de Vida Silvestre del Ártico, ubicado en Alaska. Biden acusa al presidente de no proteger los tesoros naturales de EE.UU. y asegura que el cuidado de esos territorios será una de las primeras medidas a tomar, empezando por la prohibición de nuevos arrendamientos de petróleo y gas en tierras y aguas públicas.

Durante el gobierno de Trump la industria del petróleo y el gas ha tenido uno de los crecimientos  más importantes de su historia. En 2018 y luego de casi 50 años, EE.UU. volvió a ser el mayor productor de crudo a nivel mundial superando a Rusia y a Arabia Saudita. Por su parte, el gas natural es la fuente de energía que más ha crecido en la última década en los EE.UU. y se ha profundizado en los últimos cuatro años. La producción alcanzó un máximo histórico en 2019 de 953 mil millones de m3 (aproximadamente veinte veces lo que produjo Argentina el año pasado).

Hasta 2016, EE.UU. era un importador neto de gas. Desde 2017 exporta más de lo que importa y en 2019 logró exportar un récord de casi 142 mil millones de m3, principalmente a México y Canadá, a través de su red de gasoductos. Pero también ha ampliado la venta a otros países más alejados gracias al desarrollo del Gas Natural Licuado (GNL), que ha transformado la dinámica del gas tradicionalmente limitada a los mercados regionales en un mercado global. La posibilidad de transportar el gas a cualquier parte del mundo lo llevó a aumentar fuertemente su capacidad de licuefacción y en 2019 se convirtió en el tercer mayor exportador de GNL. Solo superado por Qatar y Australia.

En contraposición, Biden busca otorgarles a las energías renovables un rol central en la generación de energía y de puestos de trabajo, planea generar más de 10 millones de empleos dedicados a la construcción y operación de nueva infraestructura energética. Para ello, el candidato demócrata buscará invertir US$ 400 mil millones durante los próximos diez años en generación limpia e innovación. En su plataforma, Biden se vanagloria de que ese monto es el doble de la inversión del programa Apolo que puso a un hombre en la luna.

Con el objetivo de apuntalar la industria de los combustibles fósiles, Trump relajó las políticas ambientales de EE.UU. El presidente norteamericano se retiró del Acuerdo Climático de París en 2017 y quitó regulaciones ambientales sobre la industria de los combustibles fósiles facilitando la construcción de ductos y minas sin la necesidad de control federal. Biden asegura que el primer día de su mandato EE.UU. volverá a formar parte del Panel intergubernamental sobre Cambio Climático y del Acuerdo de París y que tomará medidas que exigirán límites agresivos para combatir la contaminación por metano para operaciones de petróleo y gas nuevas y existentes. El candidato demócrata establecerá el objetivo de reducir la huella de carbono de todos los edificios de EE.UU. en un 50% para 2035, creando incentivos para modificaciones profundas que combinen electrificación de hornallas y calefacción, eficiencia y generación de energía limpia.

Trump buscó otorgarle fuerza a la industria petrolera también desde el lado del consumo. Es por eso que buscó fomentar el crecimiento del parque automotor y para eso flexibilizó los estándares de combustibles para automóviles de la época de Obama, que exigían la fabricación de vehículos menos contaminantes y más eficientes. Por su parte, Biden busca darle un impulso al desarrollo de la movilidad eléctrica e híbrida, buscando que los vehículos ligeros y medianos sean cero emisiones durante las próximas décadas. Para ello buscará la construcción de 500 mil puntos de carga de automóviles eléctricos alrededor del país.

El proyecto de Trump parece conservador y opuesto a las políticas energéticas de sus aliados europeos, pero le garantiza a EE.UU. su independencia energética y la competitividad de su economía. Biden, por otra parte, propone una agenda verde muy ambiciosa que implica una política energética arriesgada que no es seguro que pueda alcanzar. Es una agenda europea que intenta acelerar la transición energética hacia un futuro sin combustibles fósiles. Gane Trump o Biden, no hay que olvidar que EE.UU. siempre eligió el pragmatismo y nunca soslayó que antes que el futuro  el presente.

*Investigador del Centro de Estudios de Energía, Política y Sociedad (Ceepys)


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*La información y las opiniones aquí publicados no reflejan necesariamente la línea editorial de Mining Press y EnerNews

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